La estimulación cerebral profunda: de última esperanza para el párkinson a tratamiento del TOC

Pacientes con TOC, Párkinson y otros trastornos neuropsiquiátricos severos recuperan calidad de vida y capacidad funcional tras la intervención, reduciendo incapacidad y dependencia de rituales compulsivos.
El electrodo no repara lo que está roto, reequilibra lo que está desestabilizado
Explicación de cómo funciona la estimulación cerebral profunda en trastornos psiquiátricos como el TOC.

Primera cirugía de estimulación cerebral profunda en España realizada en 2000 en Santiago de Compostela; hoy se practican casi semanalmente con tiempos quirúrgicos reducidos de 12 a 4 horas. El Párkinson y distonías son las principales indicaciones, pero nuevas aplicaciones en TOC, depresión y dolor muestran resultados alentadores en pacientes sin respuesta a tratamientos convencionales.

  • Primera cirugía de estimulación cerebral profunda en España realizada el 3 de abril de 2000 en Santiago de Compostela para un paciente con párkinson
  • Tiempo quirúrgico reducido de más de 12 horas a 4 horas gracias a mejoras en técnicas de imagen
  • Cuatro casos de TOC tratados con estimulación cerebral profunda en Vigo en dos años, con tres mejorías significativas
  • El TOC afecta entre el 1 y el 4 por ciento de la población mundial y es una de las diez enfermedades más incapacitantes según la OMS

La estimulación cerebral profunda, pionera en Galicia desde 2000 para el Párkinson, expande sus aplicaciones a trastornos psiquiátricos como el TOC con resultados prometedores en casos refractarios.

En abril del año 2000, en el hospital universitario de Santiago de Compostela, los cirujanos realizaron algo que no se había hecho antes en España: implantaron un electrodo en el cerebro de un paciente con párkinson, conectado a un generador de impulsos capaz de modular la actividad neuronal. Fue un acto de audacia médica. El equipamiento específicamente diseñado para humanos apenas existía o resultaba prohibitivamente caro. José Luis Relova, quien dirigía entonces el servicio de neurofisiología del centro, recuerda aquella intervención como un reto sin precedentes. Funcionó. Y abrió una puerta que no ha dejado de ensancharse.

La estimulación cerebral profunda, como se conoce esta técnica, consiste en colocar un electrodo en una región muy precisa del cerebro. Según la enfermedad que se quiera tratar, ese electrodo se sitúa en diferentes lugares. Lo que ha cambiado dramáticamente desde aquella primera cirugía es la velocidad y la precisión. Las imágenes médicas y las técnicas funcionales que ahora se emplean para identificar las estructuras cerebrales han reducido el tiempo quirúrgico de más de doce horas a apenas cuatro. Es una diferencia que marca la diferencia entre una intervención experimental y una práctica clínica rutinaria. Hoy, en el mismo hospital donde todo comenzó, se realiza una de estas cirugías casi cada semana.

El párkinson sigue siendo la aplicación más común. La técnica reduce los temblores, la rigidez muscular, la lentitud de movimientos y los problemas de equilibrio, permitiendo además que los pacientes reduzcan su dependencia de medicamentos. Los candidatos suelen ser personas que experimentan discinesias, esos movimientos involuntarios que el cuerpo ejecuta sin control y que resultan profundamente incapacitantes, y que ya no responden a otros tratamientos. Pero la estimulación cerebral profunda ha trascendido mucho más allá del párkinson. El temblor esencial y las distonías también se tratan con esta intervención. En laboratorios y hospitales de investigación, se está probando en depresión, dolor crónico, y en casos muy puntuales, con resultados que merecen atención.

Hace dos años, en el hospital universitario de Vigo, una mujer de 51 años se convirtió en el primer caso de estimulación cerebral profunda para tratar el trastorno obsesivo compulsivo en la región. Detrás de esa intervención estaban los neurocirujanos Pablo Sousa y Laura Serrano. Desde entonces, han realizado dos cirugías de este tipo por año, sumando cuatro casos en total. Tres de ellos han experimentado mejoras significativas. Una cifra que podría parecer modesta, pero que representa un ritmo más acelerado que el de la mayoría de hospitales de su entorno. A nivel mundial, los casos reportados de cirugía para el TOC siguen siendo extraordinariamente raros. El objetivo del equipo es aumentar a una intervención por trimestre.

El TOC afecta entre el 1 y el 4 por ciento de la población mundial y figura entre las diez enfermedades más incapacitantes según la Organización Mundial de la Salud. Quienes la padecen experimentan pensamientos involuntarios, irracionales y repetitivos que generan ansiedad extrema. Para intentar neutralizar esa ansiedad, se ven obligados a realizar rituales compulsivos, acciones repetidas que pueden consumir horas de cada día. Para estos pacientes, cuando la medicación deja de funcionar, cuando las terapias conductuales han agotado sus posibilidades, la estimulación cerebral profunda representa una última puerta.

La técnica funciona reequilibrando circuitos cerebrales que se encuentran desestabilizados. Mediante corrientes eléctricas controladas, es posible frenar y reorganizar esos circuitos disfuncionales. Pero es importante entender qué hace y qué no hace: la estimulación cerebral profunda alivia síntomas, no cura la enfermedad. En trastornos del movimiento como el párkinson, el efecto es casi inmediato y visible. En trastornos psiquiátricos como el TOC, el proceso es más lento. Pueden pasar meses desde la implantación hasta que el paciente comienza a notar una mejoría gradual. Pero cuando esa mejoría llega, la transformación es profunda. Los pacientes recuperan la capacidad de vivir una vida normalizada, de no gastar cada hora del día atrapados en rituales que los paralizan.

La estimulación cerebral profunda se reserva únicamente para casos severos y refractarios, aquellos donde se han agotado todas las opciones menos invasivas. En medicina psiquiátrica, esto significa que primero se agotan las psicoterapias, luego los fármacos, y solo entonces, en casos muy graves y resistentes, se considera la cirugía. Los requisitos son estrictos: severidad documentada, duración prolongada de la enfermedad, y ausencia de respuesta a todas las terapias conservadoras. Es un procedimiento que exige paciencia, precisión y una comprensión profunda de cómo funciona el cerebro enfermo. Pero para quienes llegan a él, representa algo que parecía imposible: una segunda oportunidad.

Fue todo un reto porque el equipamiento diseñado específicamente para seres humanos prácticamente no existía o era excesivamente costoso
— José Luis Relova, jefe del Servicio de Neurofisiología del CHUS
Facilitamos que vuelva a una rutina normalizada, que no gaste todo su día en rituales y convulsiones que tanto tiempo le pueden hacer perder
— Laura Serrano, neurocirujana
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué tardó tanto en llegar esta técnica al TOC si ya se usaba para el párkinson desde el año 2000?

Model

Porque el párkinson es un trastorno del movimiento. Ves el temblor, ves la rigidez, ves el resultado inmediato. Con el TOC es diferente. Los síntomas son mentales, internos. Necesitaba más investigación, más comprensión de qué circuitos cerebrales estaban implicados. Y además, el TOC es raro. Hay menos pacientes, menos casos para estudiar.

Inventor

¿Qué significa que la técnica no cura, solo alivia?

Model

Significa que el electrodo no repara lo que está roto. Lo que hace es modular, reequilibrar. Es como si el circuito estuviera tocando una nota falsa constantemente, y el electrodo la corrige. Pero la enfermedad sigue ahí. Si apagamos el dispositivo, los síntomas vuelven.

Inventor

Entonces, ¿los pacientes tienen que llevar este dispositivo de por vida?

Model

Sí. Es como un marcapasos para el cerebro. Pero para alguien que pasaba ocho horas al día atrapado en rituales compulsivos, poder vivir una vida normal, aunque sea con un dispositivo implantado, es un cambio radical.

Inventor

¿Por qué solo dos cirugías al año en Vigo si hay tantos pacientes con TOC?

Model

Porque es una intervención muy compleja, muy especializada. Requiere neurocirujanos entrenados, equipamiento sofisticado, evaluaciones cuidadosas. Y porque muchos pacientes aún responden a medicamentos o terapia. Solo los casos más severos, los que ya no responden a nada, llegan a la cirugía.

Inventor

¿Qué pasa con los pacientes que no mejoran?

Model

Uno de los cuatro casos en Vigo no mejoró tanto como los otros. Es un riesgo que existe. Por eso es tan importante la selección de pacientes, la evaluación previa. No todos van a responder igual.

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