En Seúl, la crisis política desatada por la declaración de ley marcial del presidente Yoon Suk Yeol alcanzó un punto de inflexión cuando su propio partido gobernante, el Partido del Poder Popular, anunció que respaldaría su destitución. Lo que comenzó como un acto unilateral y controvertido el 3 de diciembre —que evocó los fantasmas de la dictadura militar que Corea del Sur superó con sangre y lucha— derivó en una soledad política casi total para Yoon. La democracia surcoreana, forjada con esfuerzo generacional, se enfrenta ahora a la prueba de sus propias instituciones.
El partido gobernante de Corea del Sur respalda la destitución de Yoon tras fracaso de ley marcial
Lucharé hasta el último momento con el pueblo
¿Por qué el partido gobernante esperó tanto tiempo antes de respaldar la destitución?
Creían que Yoon renunciaría voluntariamente si le daban la oportunidad. Pensaban que eso sería menos traumático para el país que un juicio político. Pero Yoon nunca mostró intención de ceder.
¿Qué hace que esta declaración de ley marcial sea tan diferente de otras crisis políticas en Corea del Sur?
La historia. Corea del Sur vivió bajo dictadura militar durante décadas. La gente vio soldados rompiendo ventanas del Parlamento, vio a la policía antidisturbios en las calles. Para muchos, fue como si el país estuviera retrocediendo en el tiempo.
¿Cree que Yoon realmente pensaba que esto lo ayudaría políticamente?
Aparentemente creía que romper el estancamiento parlamentario era más importante que cualquier otra cosa. Pero subestimó cuán profundamente la gente rechazaría cualquier cosa que se pareciera a un retorno a la dictadura.
¿Qué sucede ahora con la votación del sábado?
Con el apoyo del partido gobernante, la destitución tiene altas probabilidades de pasar. Yoon dijo que lucharía hasta el final, pero políticamente ya está prácticamente solo.
¿Y después? ¿Qué le espera a Yoon?
Enfrenta investigaciones por traición, insurrección y abuso de poder. Incluso si sobrevive a la destitución, los tribunales lo esperan. Su exministro de Defensa ya está detenido.
The Pulse
- El partido gobernante abandona a Yoon después de que este se niega a renunciar, rompiendo la última línea de contención política que lo protegía.
- Yoon pronuncia un discurso desafiante en el que justifica la ley marcial como respuesta al bloqueo legislativo y acusa a la oposición de simpatizar con Corea del Norte.
- La crisis se profundiza con investigaciones por traición, allanamientos al despacho presidencial, prohibición de salida del país y el intento de suicidio del exministro de Defensa bajo custodia.
- Las imágenes de soldados irrumpiendo en la Asamblea Nacional y enfrentamientos en las calles traumatizan a una sociedad con memoria viva de la dictadura militar.
- La votación de destitución prevista para el sábado tiene ahora altas probabilidades de prosperar, convirtiendo lo que parecía una batalla política en el ocaso acelerado de una presidencia.
En Seúl, la crisis política desatada por la declaración de ley marcial del presidente Yoon Suk Yeol alcanzó un punto de inflexión cuando su propio partido gobernante, el Partido del Poder Popular, anunció que respaldaría su destitución. Lo que comenzó como un acto unilateral y controvertido el 3 de diciembre —que evocó los fantasmas de la dictadura militar que Corea del Sur superó con sangre y lucha— derivó en una soledad política casi total para Yoon. La democracia surcoreana, forjada con esfuerzo generacional, se enfrenta ahora a la prueba de sus propias instituciones.
El jueves por la mañana en Seúl, el Partido del Poder Popular anunció que respaldaría la destitución del presidente Yoon Suk Yeol, momentos antes de que este pronunciara un discurso desafiante negándose a renunciar. Durante días, los líderes del partido habían esperado que Yoon dimitiera voluntariamente para evitar el juicio político. Cuando quedó claro que no lo haría, el líder del partido Han Dong-hoon fue directo: "Suspender al presidente de sus funciones mediante el juicio político es la única vía por ahora, para defender la democracia y la república".
Todo comenzó la noche del 3 de diciembre, cuando Yoon declaró la ley marcial acusando a la oposición de actividades antiestatales y de simpatizar con Corea del Norte. El decreto fue bloqueado por los legisladores pocas horas después, pero no antes de que fuerzas de seguridad irrumpieran en la Asamblea Nacional, rompiendo ventanas e intentando impedir que los parlamentarios se reunieran. Para una nación que conquistó la democracia en los años ochenta tras décadas de dictadura militar, las imágenes resultaron profundamente perturbadoras.
En los días siguientes, la presión sobre Yoon no hizo más que crecer: investigación policial por presunta traición, prohibición de salir del país, allanamiento del despacho presidencial y la detención del exministro de Defensa, quien intentó quitarse la vida mientras estaba bajo custodia. Incluso dentro de su propio partido y de las fuerzas armadas, el apoyo se desmoronaba.
Yoon, exfiscal conservador con dos años difíciles en el cargo —marcados por el desplome de su popularidad, escándalos familiares y un estancamiento parlamentario que frustró su agenda económica—, se mantuvo desafiante hasta el final. "Lucharé hasta el último momento con el pueblo", prometió. Pero con el respaldo del partido gobernante a su destitución, la votación del sábado se perfila como el último acto de una presidencia que se derrumbó en cuestión de días.
El jueves por la mañana en Seúl, el Partido del Poder Popular —la fuerza política que ha gobernado Corea del Sur— anunció que respaldaría los esfuerzos para destituir al presidente Yoon Suk Yeol. La decisión llegó momentos antes de que Yoon pronunciara un discurso desafiante en el que se negaba a renunciar y trataba de justificar su controvertida declaración de ley marcial del 3 de diciembre, un acto que había desatado una crisis política sin precedentes en el país.
Durante días, los líderes del partido gobernante habían esperado que Yoon dimitiera voluntariamente, creyendo que eso evitaría la necesidad de un juicio político. Pero cuando quedó claro que el presidente no cedería, Han Dong-hoon, líder del partido, anunció el cambio de rumbo. "Intentamos encontrar un camino mejor que la destitución, pero ese otro camino no es válido", explicó. "Suspender al presidente de sus funciones mediante el juicio político es la única vía por ahora, para defender la democracia y la república". Con ese respaldo, los legisladores del partido ahora tenían libertad para votar según su propia conciencia en la nueva moción de destitución que el Partido Democrático —la principal fuerza de oposición— planeaba presentar el sábado.
La noche del 3 de diciembre había sido caótica. Yoon había anunciado la ley marcial acusando a la oposición de actividades antiestatales y de simpatizar con Corea del Norte. El decreto fue bloqueado por los legisladores pocas horas después, pero no antes de que las fuerzas de seguridad irrumpieran en la Asamblea Nacional, rompiendo ventanas e intentando impedir que los parlamentarios se reunieran. En las calles, manifestantes se enfrentaron a la policía antidisturbios. Para una nación que había sufrido décadas de dictadura militar antes de conquistar la democracia en los años ochenta a través de una lucha larga y sangrienta, las imágenes fueron profundamente perturbadoras.
En los días posteriores, la presión sobre Yoon se intensificó. La policía abrió una investigación por presunta traición. Los legisladores aprobaron la creación de un consejo especial para investigar si Yoon había cometido insurrección y abusado de su poder. Se le prohibió salir del país. La policía allanó el despacho presidencial. El exministro de Defensa Kim Yong-hyun, quien supuestamente había recomendado la ley marcial, fue detenido; el martes por la noche intentó quitarse la vida mientras estaba bajo custodia. Incluso dentro de su propio partido y de las fuerzas armadas, el apoyo a Yoon se tambaleaba.
Pero el presidente se mantuvo desafiante. En su discurso del jueves, presentó la ley marcial como un intento de romper el estancamiento político que le había impedido avanzar en su agenda legislativa de reducción de impuestos y flexibilización de regulaciones empresariales. Acusó a la oposición de ser blanda con Corea del Norte, de "ponerse del lado" del régimen de Pyongyang mientras el gobierno intentaba responder a los lanzamientos de globos con basura, las amenazas nucleares y los misiles. "No sé a qué país pertenece el partido y a qué país pertenece la Asamblea Nacional", dijo. Pidió disculpas por la "efímera" ley marcial y pidió a la gente que confiara en su "apasionada lealtad". "Lucharé hasta el último momento con el pueblo", prometió.
Yoon, un exfiscal conservador conocido por su retórica incendiaria, había enfrentado dos años difíciles en el cargo. Su índice de aprobación se había desplomado por problemas económicos y una serie de escándalos que involucraban a su esposa y sus nombramientos políticos. El estancamiento parlamentario lo había frustrado profundamente. Pero ahora, con el respaldo del partido gobernante a su destitución, las probabilidades de que la moción del sábado prospere aumentaron drásticamente. Lo que una semana atrás parecía una batalla política se había convertido en una carrera hacia el final de su presidencia.
Notable Quotes
Intentamos encontrar un camino mejor que la destitución, pero ese otro camino no es válido. Suspender al presidente de sus funciones mediante el juicio político es la única vía por ahora, para defender la democracia y la república.— Han Dong-hoon, líder del Partido del Poder Popular
Lucharé hasta el último momento con el pueblo. Pido disculpas de nuevo a la gente que haya podido verse sorprendida y nerviosa por la efímera ley marcial.— Presidente Yoon Suk Yeol