En el norte de Chile, donde el viento sopla con fuerza suficiente para iluminar cientos de miles de hogares, Repsol ha descubierto que generar energía limpia y poder entregarla son dos cosas muy distintas. Su parque eólico de Antofagasta, inaugurado con ambición en 2025, acumula casi 300 millones de euros en pérdidas contables porque la red eléctrica chilena, desbordada por el propio éxito de las renovables, no puede transportar lo que produce. Es una paradoja de nuestro tiempo: la abundancia de energía verde se convierte en problema cuando la infraestructura que debe conducirla no ha crecido
El parque eólico de Repsol en Chile genera un agujero contable de casi 300 millones
Hay más energía que demanda, y la electricidad se desperdicia
¿Por qué una empresa como Repsol, que lleva décadas en petróleo, no vio venir este problema con la red chilena?
Probablemente porque el problema no existía cuando se diseñó el proyecto. Chile autorizó un despliegue masivo de renovables sin actualizar la infraestructura de transporte. Repsol entró confiando en que la red funcionaría. Fue un error de cálculo colectivo.
Pero entonces, ¿quién es responsable? ¿El regulador chileno, Repsol, o ambos?
Eso es lo complicado. El regulador permitió demasiada generación sin suficiente red. Repsol invirtió 400 millones confiando en que podría vender lo que generara. Ahora ambos están atrapados en un problema que nadie quería resolver antes.
¿Significa esto que las renovables en Chile están condenadas?
No. Significa que sin inversión urgente en infraestructura de transporte, muchos proyectos van a perder dinero. Es un aviso: la transición energética necesita más que paneles y molinos. Necesita redes inteligentes y cables.
¿Qué pasa con la segunda fase del parque de Repsol?
Está congelada. No tiene sentido invertir más dinero en un proyecto que ya está perdiendo 300 millones por congestión. Hasta que no se resuelva el problema de la red, cualquier expansión es tirar dinero.
¿Esto afecta la estrategia verde de Repsol en otros países?
Probablemente. Si tu mayor proyecto renovable está generando pérdidas masivas, los inversores van a cuestionarse si realmente puedes competir en energías limpias. Es un golpe a la credibilidad de la transición de Repsol.
Der Puls
- Un parque eólico diseñado para abastecer a 220.000 hogares opera a medio rendimiento porque la red eléctrica chilena no tiene capacidad para absorber su producción.
- Chile duplicó sus vertidos de energía renovable en los primeros meses de 2026, y más del 40% de esa electricidad desperdiciada se concentra precisamente en la región de Antofagasta.
- Repsol asumió el control total del proyecto en 2023 comprando a su socio Ibereólica, apostando fuerte por un activo que hoy le genera una pérdida contable de casi 300 millones de euros.
- La compañía reconoce abiertamente que la congestión estructural de la red no tiene visos de revertirse, lo que paraliza la segunda fase del proyecto y siembra dudas sobre la rentabilidad real de las renovables sin infraestructura adecuada.
En el norte de Chile, donde el viento sopla con fuerza suficiente para iluminar cientos de miles de hogares, Repsol ha descubierto que generar energía limpia y poder entregarla son dos cosas muy distintas. Su parque eólico de Antofagasta, inaugurado con ambición en 2025, acumula casi 300 millones de euros en pérdidas contables porque la red eléctrica chilena, desbordada por el propio éxito de las renovables, no puede transportar lo que produce. Es una paradoja de nuestro tiempo: la abundancia de energía verde se convierte en problema cuando la infraestructura que debe conducirla no ha crecido al mismo ritmo que la promesa.
Repsol conoce bien la volatilidad: cuando tu negocio ha dependido del petróleo, aprendes a encajar los golpes del mercado. Pero la transición energética ha traído sus propias sorpresas. En menos de un año, la compañía pasó de inaugurar su parque eólico más potente en Chile a registrar una pérdida contable de casi 300 millones de euros en ese mismo activo.
El proyecto Antofagasta, ubicado en el norte del país, fue concebido para generar electricidad equivalente al consumo de 220.000 hogares. Repsol invirtió 400 millones de euros en la primera fase, instalando 364 megavatios que comenzaron a operar en abril de 2025. Era un hito relevante: el primer parque eólico desarrollado íntegramente por la compañía en Chile, tras haber comprado en 2023 la participación de su socio Ibereólica para quedarse con el 100% del activo.
El problema apareció casi de inmediato. La red eléctrica chilena, saturada de generación renovable, no puede absorber toda la electricidad que producen los aerogeneradores. La congestión estructural obliga a detener la producción cuando no hay capacidad de transporte disponible. En los dos primeros meses de 2026, Chile duplicó los vertidos de energía limpia registrados el año anterior, y más del 40% de esa electricidad desperdiciada se concentra en la región de Antofagasta.
El cuello de botella es geográfico y sistémico: la red no fue diseñada para llevar toda la energía verde generada en el norte hasta el centro del país, donde está la demanda real. Repsol lo admite sin ambages en sus documentos: la situación no tiene visos de revertirse. Como consecuencia, la segunda fase del proyecto está paralizada y las previsiones de flujos de caja han sido revisadas a la baja. La pregunta que queda flotando es más amplia: ¿cuántas inversiones renovables son viables solo sobre el papel, sin una red capaz de transportar lo que generan?
Repsol está acostumbrada a los sobresaltos. Cuando tu negocio depende del petróleo, aprendes a vivir con la volatilidad, a reaccionar rápido cuando los precios se desmoronan o los mercados giran sin aviso. Pero la energética española ha descubierto que las renovables también tienen sus propias sorpresas, y algunas duelen igual que cualquier caída del crudo. En menos de un año, pasó de inaugurar con fanfarria su parque eólico más potente hasta la fecha a anotarse una pérdida contable de casi 300 millones de euros en ese mismo activo.
El proyecto se llama Antofagasta y está en Chile, en la región norte del país. Fue concebido para generar electricidad equivalente al consumo de 220.000 hogares chilenos. La inversión inicial rondó los 680 millones de euros, aunque el plan contemplaba dos fases. Repsol desembolsó 400 millones en la primera, instalando 364 megavatios de capacidad que comenzaron a funcionar en abril de 2025. Parecía un hito importante: el primer proyecto eólico desarrollado completamente por la compañía en territorio chileno, tras años operando en alianza con Ibereólica, un grupo español de renovables. En 2023, Repsol decidió romper esa asociación y compró la participación de su socio para quedarse con el 100% del activo.
Pero algo salió mal apenas el parque entró en operación comercial. La red eléctrica chilena, saturada de generación renovable, no puede absorber toda la electricidad que producen los aerogeneradores. Es un problema que suena paradójico: hay demasiada energía limpia. La compañía lo explicó en su informe semestral con lenguaje técnico: la congestión estructural de la red estaba provocando restricciones masivas a la producción. En otras palabras, les ordenaban parar porque no había dónde meter la energía.
Este fenómeno no es exclusivo de Chile. En varios países que han desplegado renovables a ritmo acelerado, especialmente fotovoltaica, las restricciones técnicas se han disparado. España, por ejemplo, derrochó el triple de energía limpia en el primer semestre de 2026 comparado con el año anterior, según datos de la consultora Aurora. En Chile, los vertidos —así se llama en el sector a la electricidad que se pierde— se han descontrolado. En los dos primeros meses de 2026, el país duplicó los vertidos registrados un año antes. Y aquí está lo más grave para Repsol: más del 40% de esa energía desperdiciada se concentra precisamente en Antofagasta, la región donde opera su parque.
El problema de fondo es infraestructura. La red chilena no está diseñada para transportar toda la energía verde que se genera en el norte hasta el centro del país, donde vive la gente y está la demanda. Es un cuello de botella geográfico que nadie resolvió antes de autorizar tanto despliegue renovable. Repsol reconoció en sus documentos que la congestión se ha agudizado fundamentalmente por el incremento de generación renovable en la zona norte, y que la situación no tiene visos de revertirse. Es decir: no esperan que mejore.
Esa admisión tiene consecuencias. La segunda fase del proyecto, que habría añadido más capacidad al parque, está en vía muerta. Repsol ha revisado a la baja sus previsiones de flujos de caja para Antofagasta. Y la pregunta más amplia flota sobre toda la industria: ¿cuántas inversiones renovables están siendo viables solo sobre el papel, sin contar con una red eléctrica que realmente pueda transportar y distribuir lo que generan? Chile acaba de demostrar que tener paneles y aerogeneradores no es suficiente. Necesitas los cables, los transformadores, la inteligencia de red para que la energía llegue a quien la necesita. Sin eso, tienes un parque eólico que produce electricidad que nadie puede usar.
Bemerkenswerte Zitate
Tras su entrada en producción comercial, se han revisado las previsiones de flujos de caja debido a la congestión estructural de la red que provoca elevados niveles de restricciones a la producción— Repsol, en su informe semestral
La situación no tiene visos de revertirse— Repsol, reconociendo que la congestión no mejorará