En los pasillos de Bruselas, el Parlamento Europeo ha elevado su voz con una claridad poco habitual: la democracia europea enfrenta una amenaza sostenida y coordinada, y la respuesta del bloque debe estar a la altura del desafío. La Eurocámara ha señalado a Rusia y sus aliados como los principales arquitectos de operaciones híbridas —desinformación, ciberataques, manipulación política— que no buscan conquistar territorios sino erosionar la confianza en las instituciones mismas. Es un momento en que Europa se pregunta si sus mecanismos de defensa democrática son suficientes para una guerra que