Cuarenta y cuatro años de ausencia papal en el Mitin de Rímini llegaron a su fin cuando León XIV eligió estar donde Benedicto XVI y Francisco nunca estuvieron, en el corazón de Comunión y Liberación. Su presencia no es un gesto menor: es la respuesta deliberada a décadas de tensión entre la Iglesia y uno de los movimientos católicos más influyentes del siglo XX, fundado por Luigi Giussani. En la historia larga de las instituciones, hay momentos en que un solo paso físico dice lo que años de documentos no pudieron decir.