En Los Ángeles, George Lucas ha inaugurado un museo que no se contenta con custodiar un legado, sino que interroga la naturaleza misma del arte y la cultura popular. Bajo un mismo techo, Darth Vader y Picasso comparten la misma dignidad contemplativa, sugiriendo que la imaginación humana no reconoce jerarquías entre lo clásico y lo cinematográfico. Este gesto, décadas en gestación, llega en un momento en que las instituciones culturales buscan reinventarse para seguir siendo relevantes en el siglo veintiuno.