Este brote se está moviendo más rápido que nosotros
La variante Bundibugyo del ébola presenta tasa de letalidad del 25,4% en Ituri, donde rituales funerarios y desconfianza en autoridades sanitarias aceleran contagios. Conflicto armado de cuatro años ha debilitado sistemas de salud, desplazado poblaciones a campos hacinados y erosionado confianza comunitaria en respuesta epidemiológica.
- 1.048 casos confirmados y 267 muertes en República Democrática del Congo
- Tasa de letalidad del 25,4 por ciento en la provincia de Ituri
- 75 trabajadores sanitarios infectados, 17 fallecidos
- Primer caso confirmado en Francia el lunes pasado
- Ituri concentra el 95 por ciento de los casos con 4,24 millones de habitantes
Una nueva cepa de ébola Bundibugyo se propaga rápidamente en provincias orientales de la República Democrática del Congo con 1.048 casos confirmados y 267 muertes, mientras la OMS admite ir rezagada en la respuesta.
En la provincia congoleña de Ituri, los entierros se han convertido en un ritual casi cotidiano durante el último mes. No son víctimas de la guerra civil que lleva cuatro años devastando la región, ni de los grupos armados que arrasan aldeas. Son muertes por una cepa del ébola que nadie esperaba encontrar aquí, y que nadie supo contener a tiempo.
Al principio, los médicos locales creyeron que se trataba de malaria. Cuando las autoridades sanitarias confirmaron que era Bundibugyo —una variante del virus del ébola hasta entonces desconocida en esta escala— la enfermedad ya se había propagado sin control. Los protocolos de aislamiento nunca llegaron a implementarse. En los funerales, las familias continuaban con sus ceremonias ancestrales: ungían los cuerpos con aceites, los tocaban, los besaban. Cada despedida se convertía en una nueva cadena de contagios. Nadie lo sabía entonces. Ahora hay 1.048 casos confirmados y 267 muertos.
La Organización Mundial de la Salud ha admitido públicamente que va "por detrás del virus". Abdi Rahman Mahmoud, director de Alertas y Respuesta ante Emergencias Sanitarias de la OMS, pasó un mes en las zonas afectadas y regresó con un mensaje inquietante: "Este brote se está moviendo más rápido que nosotros". La tasa de letalidad de esta variante es del 25,4 por ciento, lo que significa que más de uno de cada cuatro infectados muere. No existe tratamiento específico. En las dos primeras semanas, el virus mató a más de 70 personas. Diez de ellas en los últimos días.
Médicos Sin Fronteras reporta que la enfermedad se propaga por tres provincias orientales: Ituri, Kivu Norte y Kivu Sur. Ituri concentra cerca del 95 por ciento de los casos. La provincia tiene aproximadamente 4,24 millones de habitantes. En Uganda, país vecino, ya hay 19 casos confirmados. El virus ha saltado el continente. El lunes pasado, Francia confirmó su primer caso: un médico que regresó recientemente de Congo. Ahora está siendo monitoreado constantemente en un centro especializado. El Gobierno de Macron está rastreando a todas las personas con las que estuvo en contacto. Deberán pasar 21 días en aislamiento domiciliario.
Pero el verdadero problema no es solo el virus. Es lo que lo rodea. La guerra civil ha destruido los sistemas de salud. Ha desplazado a miles de personas hacia campos de refugiados hacinados alrededor de Bunia, donde las condiciones higiénicas son deficientes y la densidad de población es extrema. Ha erosionado la confianza en las autoridades. Manuel Fernández García, misionero en Ituri, explica que "la población en un principio no creía nada en esta epidemia y seguía su vida normalmente". Desde que comenzaron las campañas de sensibilización, la situación ha mejorado hacia más prudencia. Pero muchos habitantes siguen temiendo más a los grupos armados que a la enfermedad. Y muchos enfermos evitan los hospitales por desconfianza.
Los trabajadores de Médicos Sin Fronteras han observado miedo y recelo entre las comunidades. Algunas sospechan de la repentina llegada de equipos de respuesta. Frederic Lai Manantsoa, coordinador de emergencias de MSF en República Democrática del Congo, señala que "poner en marcha actividades y explicar la enfermedad no basta para generar confianza en las comunidades. Es necesario escuchar sus preocupaciones y permitir que participen en el diseño de la respuesta".
Daniel López Acuña, que fue director de Acción Sanitaria en Situaciones de Crisis de la OMS, explica cómo los conflictos armados crean las condiciones perfectas para que las epidemias se descontrolen. Las guerras dañan infraestructuras, agotan personal sanitario, rompen cadenas de suministro. El personal de salud es diezmado, a veces atacado directamente. La vigilancia epidemiológica se colapsa. El acceso a agua potable, saneamiento y educación sanitaria desaparece. Todo esto, advierte, "conjura para agravar el riesgo epidémico". La OMS ya ha reportado que 75 trabajadores sanitarios se han contagiado desde el inicio del brote. De ellos, 17 han fallecido. La vida continúa en Ituri, pero bajo una amenaza que avanza más rápido que la capacidad de contenerla.
Notable Quotes
Este brote se está moviendo más rápido que nosotros— Abdi Rahman Mahmoud, director de Alertas y Respuesta ante Emergencias Sanitarias de la OMS
La población en un principio no creía nada en esta epidemia y seguía su vida normalmente— Manuel Fernández García, misionero en Ituri
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué tardaron tanto en reconocer que no era malaria?
Porque en Ituri, donde hay conflicto armado desde hace años, los sistemas de diagnóstico están debilitados. Los primeros casos parecían malaria común. Cuando confirmaron que era ébola, ya había circulación comunitaria.
¿Qué papel jugaron los rituales funerarios?
Fueron catalizadores. Las familias no sabían que tocaban y besaban a infectados. Cada funeral era una ceremonia de despedida que también era una cadena de contagios. Sin eso, el brote habría sido más lento.
¿Por qué la gente desconfía de los hospitales?
Porque en contextos de guerra, las instituciones pierden legitimidad. Además, algunos enfermos murieron en hospitales, lo que alimentó el miedo. La gente prefiere quedarse en casa.
¿Qué significa que la OMS vaya "por detrás del virus"?
Que el virus se propaga más rápido de lo que pueden responder. No hay vacuna. No hay tratamiento. Solo contención, y la contención requiere confianza comunitaria que no existe.
¿Cómo agrava la guerra una epidemia?
Destruye todo lo que necesitas para controlarla: infraestructura, personal, suministros, vigilancia. Y crea desplazamientos masivos que concentran gente en campos donde el virus se propaga como fuego.
¿Qué pasará si llega a las grandes ciudades?
Eso es lo que temen. Ituri es rural. Si el virus llega a Kinshasa o a otras ciudades densamente pobladas, el número de casos podría multiplicarse exponencialmente.