Casi todas las lenguas europeas comparten un ancestro común indoeuropeo que se fragmentó hace milenios en cinco grandes ramas: celta, románica, germánica, eslava y báltica. El euskera permanece como un misterio lingüístico sin parientes conocidos, mientras que el finés, estonio y húngaro pertenecen a la familia urálica, completamente ajena al indoeuropeo.