Kevin Warsh, al frente de la Reserva Federal desde su llegada al edificio Eccles en Washington, ha elegido el silencio como instrumento de política monetaria, desmantelando la orientación prospectiva que sus predecesores habían convertido en lenguaje común con los mercados. Su apuesta —que los inversores aprendan a leer la economía real en lugar de descifrar señales del banco central— ha generado la volatilidad que toda incertidumbre institucional produce cuando las reglas del juego cambian sin aviso. En el trasfondo, las conversaciones frecuentes con Donald Trump y las divisiones internas del