El lenguaje frío que oculta el drama del desahucio

Una mujer de 87 años fue desahuciada de su vivienda, quedando sin hogar y dependiendo de recursos asistenciales municipales.
El lenguaje técnico oculta a la persona y anestesia nuestras emociones
Cómo las autoridades usan palabras como «recurso habitacional» para distanciarse del drama humano de un desahucio.
Mark

¿Por qué importa tanto que el alcalde haya usado la palabra «recurso» en lugar de «casa»? ¿No es lo mismo al final?

Mimi

No es lo mismo. Una palabra técnica crea distancia. Cuando dices «recurso habitacional», la persona desaparece. Cuando dices «casa», la persona está ahí.

Luke

Pero el alcalde sí ofreció algo concreto, ¿verdad? Servicios sociales, asistencia. ¿Sabemos qué fue exactamente lo que se le proporcionó a Maricarmen Abascal?

Mimi

El artículo no especifica qué tipo de alojamiento recibió. Eso es parte del problema: el lenguaje vago permite que nadie sepa realmente qué se está ofreciendo.

Mark

¿Y por qué la abogada y la edil socialista usaron la misma expresión? ¿Eso sugiere que es un lenguaje de izquierda?

Mimi

El análisis muestra que el término «habitacional» se popularizó en España a partir de 2017, principalmente en contextos de izquierda. Pero el alcalde es de derechas. Así que el lenguaje técnico deshumanizador no es de un lado político.

Luke

Espera. El artículo dice que el término aparece en documentos especializados desde hace décadas. ¿Es justo culpar a los políticos por usar un lenguaje que ya existe en la administración?

Mimi

No es culpa, es responsabilidad. Cuando tienes poder para nombrar las cosas, tienes el poder de hacerlas visibles o invisibles. Elegir «recurso» en lugar de «casa» es una elección.

Mark

¿Entonces qué debería haber dicho el alcalde?

Mimi

Debería haber dicho la verdad: que una mujer de 87 años fue expulsada de su hogar, y que la ciudad le ofrecería un lugar donde vivir. Eso es honesto. Eso es humano.

Luke

Pero ¿sabemos si eso que ofreció fue realmente insuficiente, o solo que el lenguaje fue frío? Porque son dos cosas diferentes.

  • Una mujer de 87 años pierde su hogar y el alcalde de Madrid responde con la expresión 'recurso habitacional', una fórmula tan amplia que podría referirse a un albergue, una residencia o incluso una caravana.
  • La misma jerga fría brota de voces opuestas: la abogada defensora y una edil socialista también recurren al término 'habitacional', revelando que el lenguaje deshumanizador no tiene ideología.
  • El adjetivo 'habitacional' ha pasado de cuatro menciones documentadas antes de 1975 a casi 1.400 usos en lo que va del siglo, colonizando el discurso político y periodístico progresista desde 2017.
  • Maricarmen Abascal no necesitaba un 'recurso': necesitaba su casa, y la diferencia entre ambas palabras es exactamente la diferencia entre resolver un problema y administrarlo.
  • El lenguaje técnico actúa como escudo emocional para quien lo pronuncia, pero quienes lo perciben desde fuera sienten, según el artículo, algo parecido a una barra de hielo recorriéndoles el cuerpo.

Cuando el alcalde de Madrid describió el drama de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años recién desahuciada, como un asunto de 'recurso habitacional', reveló algo más profundo que una elección de palabras: reveló la distancia moral que el lenguaje técnico puede interponer entre el poder y el sufrimiento humano. Esta frialdad terminológica no es exclusiva de ningún partido; abogadas, ediles socialistas y alcaldes conservadores comparten el mismo vocabulario anestesiante. En la historia del lenguaje y la política, el tecnicismo ha servido siempre para administrar la realidad sin tener que mirarla a los ojos.

El 23 de septiembre, el alcalde de Madrid anunció que su administración ofrecería un «recurso habitacional» a Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años recién desahuciada. Para quien escuchaba, la elección de palabras lo decía todo: no había en esa frase ni urgencia ni empatía, solo la distancia clínica de quien gestiona un expediente.

Lo que Maricarmen necesitaba no era un recurso. Necesitaba una casa; mejor aún, su propia casa. El término «recurso habitacional» es un hiperónimo tan vasto que abarca desde un piso digno hasta un albergue o una residencia de ancianos. Si el alcalde hubiera pensado en una casa concreta, habría dicho «casa». No lo hizo.

Lo más revelador fue que esa misma expresión técnica apareció también en boca de la abogada defensora de Maricarmen y de una edil socialista. Tres voces de trincheras distintas, todas usando el mismo vocabulario anestesiante. El lenguaje frío, al parecer, no tiene partido.

El adjetivo «habitacional» tiene una historia rastreable: entró en los corpus académicos en 1961, permaneció casi invisible durante décadas y se disparó a partir del siglo XXI, con 1.389 usos documentados desde 2001. En España se popularizó desde 2017 en medios y organizaciones progresistas. Hoy se duplica en uso cada tres años.

El problema no es gramatical —la palabra está bien formada y figura en el diccionario— sino contextual. Nadie dice «voy a mi recurso habitacional» al llegar a casa, ni un médico grita «¡al recurso hospitalario!» ante un accidentado. Estas expresiones pertenecen a documentos donde la persona ha desaparecido detrás de la jerga. Cuando irrumpen en situaciones de dolor real, ocultan el sufrimiento y protegen a quien las pronuncia de tener que enfrentarlo.

El 23 de septiembre, el alcalde de Madrid anunció que su administración ofrecería un «recurso habitacional» a Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años a quien acababan de desahuciar de su piso. En ese momento, quien escuchaba estas palabras comprendió algo: al alcalde le importaba muy poco lo que estaba sucediendo. Aquí había una persona expulsada de su hogar por la crueldad de unos propietarios, una situación angustiosa y cercana, pero José Luis Martínez-Almeida la describía con un lenguaje gélido y distante. Si el alcalde pensaba en esos términos, era difícil imaginar que su voluntad contribuyera a resolver el drama real.

Lo que Maricarmen Abascal necesitaba no era un recurso habitacional. Necesitaba una casa. Más aún: necesitaba su casa, la que había perdido. El problema no se resolvía remendándolo con un «recurso», sino regresando al momento anterior a que el desahucio ocurriera. El alcalde había declarado: «Si se ejecuta definitivamente ese desahucio, los servicios sociales del Ayuntamiento de Madrid están en condiciones inmediatas de poder proporcionar un recurso asistencial y habitacional a Maricarmen». Pero ¿qué significaba realmente esa frase? El término «recurso habitacional» es un hiperónimo que abarca desde una mansión hasta un piso, un apartamento, un ático, una buhardilla, un asilo, una residencia de ancianos, un albergue, una caravana o incluso una cueva. Si el alcalde hubiera pensado en la palabra «casa», la habría dicho. No la dijo.

Lo que sorprendió aún más fue que esa misma expresión técnica brotara también de labios de la abogada de Maricarmen Abascal y de una edil socialista. Beatriz Duro, la letrada, afirmó: «Se desahucia a las personas diariamente sin alternativa habitacional». Reyes Maroto, la edil, manifestó: «Cuando un Ayuntamiento no protege a sus vecinos ni ofrece una solución habitacional, no puede considerarse un buen Ayuntamiento». Tres voces diferentes, todas ellas usando la misma palabra anestesiante.

El adjetivo «habitacional» es relativamente nuevo en el español. Entró en los corpus académicos en 1961, con la novela Tiempo de silencio de Luis Martín-Santos, quien escribió «tugurio habitacional». Durante una década no volvió a aparecer; hasta 1975 solo se documentaban cuatro menciones más. Entre 1975 y 2000, aparece en 325 casos. Pero entre 2001 y la actualidad, la cifra salta a 1.389 usos. Casi siempre en textos especializados de urbanismo, arquitectura, economía o sociología, con una abrumadora presencia de autores hispanoamericanos. En España, el término se extiende solo a partir de 2017, en escritos vinculados con organizaciones de izquierda, diarios y periodistas progresistas, incluyendo un programa electoral de Podemos en 2019. Desde entonces, su uso se duplica cada tres años.

El adjetivo está bien formado gramaticalmente y figura en el Diccionario de las academias desde 2001. Suele acompañar a palabras como «crisis», «problema», «solución», «déficit» o «recurso». Pero nadie dice «se me ha hecho tarde, tengo que irme ya a mi recurso habitacional». Tampoco un sanitario gritaría ante un accidentado: «¡Vamos, hay que llevarlo al recurso hospitalario!». Estas expresiones técnicas pertenecen a documentos donde no se habla de un ser humano de carne y hueso, donde la persona desaparece detrás de la jerga administrativa.

Cuando estas palabras técnicas aparecen en contextos abrasivos, dramáticos y dolorosos —como un desahucio insoportable— ocultan a la persona y anestesian nuestras emociones. El lenguaje se convierte en un escudo que protege a quien lo pronuncia de la realidad del sufrimiento ajeno. Y en ese momento, los ciudadanos sensibles que descubren la trampa sienten cómo una barra de hielo les roza el vientre y les produce un escalofrío que sacude todos los huesos.

Si se ejecuta definitivamente ese desahucio, los servicios sociales del Ayuntamiento de Madrid están en condiciones inmediatas de poder proporcionar un recurso asistencial y habitacional a Maricarmen
— José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid
Se desahucia a las personas diariamente sin alternativa habitacional
— Beatriz Duro, abogada de Maricarmen Abascal
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