En un momento en que la movilidad eléctrica busca ganar la confianza del ciudadano común, el Volkswagen ID. Polo ha desatado una demanda que supera la capacidad de respuesta de la industria. Más de 30.000 europeos han comprometido su dinero en un coche que aún no han visto ni conducido, dispuestos a esperar casi un año por un utilitario de 24.995 euros. Este fenómeno, ocurrido en torno a la planta de Martorell en el otoño de 2026, revela algo más profundo que el éxito de un modelo: habla de una sociedad que, lentamente, ha decidido apostar por el futuro eléctrico incluso antes de tenerlo en la