El IBEX 35 cierra su peor semana desde marzo de 2022 con caída del 7 %

Las ganancias anuales se evaporaron en una semana
El IBEX pasó de ganancias superiores al 6% a pérdidas del 1,35% tras los ataques en Oriente Medio.

En una semana que evoca los días oscuros de la invasión rusa de Ucrania, el IBEX 35 español cedió más del 7% de su valor, borrando de un golpe las ganancias acumuladas durante meses. La confluencia de tensiones bélicas en Oriente Medio y un mercado laboral estadounidense que destruyó empleo en lugar de crearlo recordó a los inversores que la prosperidad de los mercados siempre descansa sobre suelo incierto. Europa entera retrocedió, mientras el petróleo y el oro avanzaban como faros en la tormenta, señalando el camino hacia los activos refugio que los tiempos convulsos siempre terminan por reivindicar.

  • El IBEX 35 sufrió su peor semana desde el inicio de la guerra en Ucrania, desplomándose un 7% y convirtiendo ganancias anuales del 6% en pérdidas del 1,35% en cuestión de días.
  • Los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán actuaron como detonante, disparando la incertidumbre geopolítica y empujando el petróleo Brent por encima de los 91 dólares por barril.
  • El mercado laboral de EE.UU. destruyó 92.000 empleos en febrero cuando se esperaba crear 50.000, agravando el dilema de la Reserva Federal entre combatir la inflación y sostener la economía.
  • Los inversores huyeron en masa hacia activos refugio: el oro superó los 5.143 dólares por onza, el dólar se fortaleció y el euro cayó hasta los 1,16 dólares, mientras la renta variable occidental se contraía.
  • Asia resistió con modestas ganancias y algunos valores europeos como Telefónica y Repsol avanzaron, pero sus subidas resultaron insuficientes para frenar la sangría generalizada.

El viernes cerró una semana que los inversores españoles preferirían borrar del calendario. El IBEX 35 perdió el 7,01% de su valor en cinco jornadas, su peor desempeño desde marzo de 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania sacudió las certezas del mundo. El índice cerró en 17.074,4 puntos, retrocediendo 170,8 enteros, aunque logró sostenerse por encima de la barrera psicológica de los 17.000.

Lo que hace más amargo el golpe es el contraste con la semana anterior: el IBEX acumulaba entonces ganancias anuales superiores al 6%. Hoy ese colchón ha desaparecido y el balance anual es negativo, con pérdidas del 1,35%. Las caídas no fueron uniformes: Grifols lideró el descenso con un 3,36%, seguida por Indra y ArcelorMittal. Entre los grandes valores, Inditex, Santander y BBVA también cedieron terreno. Telefónica y Repsol subieron, pero sus avances no alcanzaron para compensar la hemorragia.

España no estuvo sola. Las principales plazas europeas cerraron la semana con retrocesos de entre el 4,5% y el 7%, alimentadas por dos focos de incertidumbre: la escalada en Oriente Medio tras los ataques de EE.UU. e Israel contra Irán, y el deterioro del empleo estadounidense. En febrero, la economía norteamericana destruyó 92.000 puestos de trabajo cuando los analistas esperaban crear 50.000, empujando la tasa de desempleo al 4,4%. Los mercados interpretaron la cifra como una señal de que la Reserva Federal deberá recortar tipos, aunque la inflación aún no alcanza su objetivo.

Mientras Occidente retrocedía, Asia mostró una cara diferente con modestas ganancias en Hong Kong, Tokio y Shanghái. El petróleo Brent superó los 91 dólares por barril, sumando más del 7% semanal, impulsado por las declaraciones de Trump descartando cualquier acuerdo con Irán. El oro repuntó hasta los 5.143 dólares por onza, el dólar se fortaleció como valor refugio y el euro cayó a 1,16 dólares. Lo que comenzó como una semana de volatilidad terminó siendo una reconfiguración global de carteras, con los inversores alejándose de las acciones y buscando amparo en los activos más seguros.

El viernes cerró una semana que los inversores españoles preferirían olvidar. El IBEX 35, el termómetro principal de la salud económica del país, cayó casi un punto porcentual en la jornada final, pero eso fue apenas el epílogo de una debacle más amplia. En cinco días de negociación, el selectivo perdió el 7,01 por ciento de su valor, la peor semana desde marzo de 2022, cuando Rusia invadía Ucrania y el mundo se replanteaba sus certezas geopolíticas. El índice cerró en 17.074,4 puntos, habiendo retrocedido 170,8 enteros, aunque logró mantenerse por encima de la barrera psicológica de los 17.000.

Lo que hace más amargo este desplome es el contraste con lo que había sucedido apenas una semana antes. El viernes anterior a los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán, el IBEX acumulaba ganancias anuales superiores al 6 por ciento. Hoy, a principios de marzo, esas ganancias se han evaporado. El balance anual es ahora negativo: pérdidas del 1,35 por ciento. En el lenguaje de los mercados, eso es una reversión brutal, el tipo de movimiento que obliga a los gestores de carteras a repensar sus apuestas y a los ahorradores a preguntarse si sus inversiones están en el lugar correcto.

Las caídas no fueron uniformes. Grifols lideró el descenso con una pérdida del 3,36 por ciento, seguida por Indra, que cedió el 3,07 por ciento, y ArcelorMittal, que retrocedió el 3,06 por ciento. Entre los grandes valores, Inditex perdió el 2,15 por ciento, Santander el 1,23 por ciento, y BBVA el 0,97 por ciento. Iberdrola fue más resiliente, con una caída de apenas el 0,44 por ciento. Hubo ganadores: Telefónica subió el 2,89 por ciento, Repsol el 2,67 por ciento, y Naturgy el 1,79 por ciento, pero sus avances fueron insuficientes para compensar la sangría general.

España no fue una excepción en Europa. Las principales plazas del continente cerraron la semana con retrocesos que oscilaban entre el 4,5 y el 7 por ciento. Londres cayó el 1,24 por ciento en la jornada de viernes, Milán el 1,02 por ciento, Fráncfort el 0,94 por ciento, y París el 0,65 por ciento. El nerviosismo era continental, alimentado por dos fuentes de incertidumbre que los mercados no podían ignorar: la escalada de tensiones en Oriente Medio y el deterioro del mercado laboral estadounidense.

Este último factor resultó particularmente preocupante. En febrero, la tasa de desempleo en Estados Unidos subió una décima, llegando al 4,4 por ciento, mientras que se destruyeron 92.000 puestos de trabajo. Los analistas habían pronosticado una creación de 50.000 empleos. La cifra real no solo fue negativa, sino peor que las expectativas más pesimistas. Javier Cabrera, analista del mercado, explicó que los inversores interpretaban estos datos como una señal de que la Reserva Federal tendría que recortar los tipos de interés, a pesar de que la inflación aún no alcanza su objetivo del 2 por ciento. Es el dilema clásico: la economía muestra signos de debilidad laboral, pero la inflación sigue siendo un problema.

Mientras Europa y Estados Unidos se contraían, Asia mostró una cara diferente. Hong Kong subió el 1,72 por ciento, Tokio el 0,62 por ciento, Shanghái el 0,38 por ciento, y Seúl el 0,2 por ciento. Pero incluso esos avances parecían tímidos comparados con la magnitud de las caídas occidentales. En las materias primas, el petróleo Brent, la referencia europea, continuó su tendencia alcista y superó los 91 dólares por barril, sumando más del 7 por ciento en la semana. El presidente Donald Trump había descartado cualquier acuerdo con Irán, afirmando que solo aceptaría una rendición incondicional. Esas palabras hicieron que los mercados de energía se tensaran aún más.

El gas natural subió el 3,61 por ciento, cotizando por encima de los 52 euros por megavatio hora. El dólar, como suele ocurrir en momentos de incertidumbre, se fortaleció como valor refugio, lo que hizo que el euro perdiera terreno y cayera hasta los 1,16 dólares. El oro repuntó el 1,2 por ciento hasta los 5.143 dólares por onza, y la plata sumó el 2,55 por ciento. Incluso el bitcóin, que a menudo se comporta de manera errática, perdió el 3,6 por ciento y cotizó a 68.581 dólares. En el mercado de deuda, la rentabilidad del bono español a 10 años subió hasta el 3,348 por ciento, reflejando la mayor aversión al riesgo de los inversores. Lo que comenzó como una semana de volatilidad se convirtió en una reconfiguración de las carteras globales, con los inversores buscando refugio en activos seguros y alejándose de las acciones.

El mercado interpreta que este dato obliga a la Fed a recortar tipos, a pesar de que la inflación sigue sin alcanzar el 2% objetivo
— Javier Cabrera, analista
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué una semana de caídas bursátiles en Madrid importa más allá de los números rojos en las pantallas?

Model

Porque el IBEX no es solo un índice abstracto. Representa empresas reales, empleos, pensiones de jubilados, ahorros de familias. Cuando cae el 7 por ciento en una semana, eso es dinero que desaparece de carteras concretas.

Inventor

Pero hace una semana estaban ganando dinero. ¿Qué cambió tan rápido?

Model

Los ataques contra Irán. De repente, el mundo geopolítico se volvió más peligroso, y los mercados odian la incertidumbre. Además, el empleo estadounidense comenzó a fallar. Dos shocks simultáneos.

Inventor

¿Es esto el comienzo de algo peor, o solo una corrección?

Model

Nadie lo sabe. Pero el hecho de que sea la peor semana desde marzo de 2022, cuando Rusia invadió Ucrania, sugiere que los inversores ven paralelos con crisis anteriores.

Inventor

¿Por qué el oro y el dólar suben cuando todo lo demás cae?

Model

Son refugios. Cuando tienes miedo, vendes acciones y compras lo que consideras seguro. El dólar es la moneda más fuerte del mundo, el oro es dinero sin riesgo de quiebra. Son los lugares donde corres a esconderte.

Inventor

¿Qué espera el mercado que haga la Reserva Federal?

Model

Bajar los tipos de interés. Si el empleo se debilita, la Fed tiene que estimular la economía. Pero eso es un arma de doble filo: puede ayudar a las empresas, pero también puede avivar la inflación que ya es un problema.

Inventor

¿Y España? ¿Está más vulnerable que otros países?

Model

No particularmente. Toda Europa cayó. Pero España depende mucho del turismo y la energía, y ambas están bajo presión. El petróleo caro afecta más a una economía pequeña que a una grande.

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