El cuerpo humano habla en susurros antes de gritar: el hormigueo persistente en extremidades o rostro, tan fácil de ignorar en su forma cotidiana, puede ser el primer lenguaje de un sistema nervioso bajo presión. Desde la compresión mecánica de un nervio hasta enfermedades sistémicas como la diabetes, las causas son múltiples y su gravedad, variable. La sabiduría médica invita a distinguir entre el inconveniente pasajero y la señal que exige respuesta, pues algunos hormigueos anuncian emergencias —un accidente cerebrovascular, una lesión medular— que no admiten demora.