Fernando Grande-Marlaska, el ministro del Interior más longevo de la democracia española, afronta una nueva crisis migratoria en Ceuta cargando con el peso de sus propios precedentes: el cese polémico de un mando, condenas judiciales por devoluciones en caliente y muertes en la frontera que han ido estrechando, con el tiempo, su margen de maniobra. La experiencia acumulada no solo otorga destreza, sino también cicatrices institucionales que condicionan cada decisión presente. En este equilibrio entre la memoria de los errores pasados y la urgencia del momento actual, el ministro busca navegar
El historial de crisis de Marlaska condiciona su gestión ante la avalancha de Ceuta
La entrada masiva de más de 70.000 personas en Ceuta a finales de julio, con antecedentes de muertes en intentos de salto a vallas fronterizas y devoluciones de menores.