En el extremo sur del planeta, el anillo de hielo que abraza la Antártida continúa retrocediendo. Por tercer año entre los más bajos desde 1979, el hielo marino alcanzó apenas 17,59 millones de kilómetros cuadrados en septiembre, un millón menos que el promedio histórico. Lo que los científicos observan ya no es una anomalía pasajera, sino la huella de un sistema climático que se transforma de manera sostenida, con consecuencias que se extienden desde los glaciares polares hasta las costas habitadas del mundo.
El hielo marino antártico registra su tercer máximo más bajo en historia satelital
Los cuatro peores inviernos han ocurrido en los últimos cuatro años
¿Por qué importa tanto que el hielo marino antártico sea un millón de kilómetros cuadrados más pequeño? ¿Es realmente significativo ese número?
Porque ese hielo es un termómetro. Cuando disminuye, nos dice que el océano se está calentando y que los sistemas que protegen a los glaciares están debilitándose. Un millón de kilómetros cuadrados es aproximadamente el tamaño de Egipto.
Pero hay que ser precisos: el hielo marino antártico por sí solo no eleva el nivel del mar. Winocur lo aclaró. El peligro real es indirecto, a través de lo que sucede con los glaciares continentales.
¿Y cuánto tiempo llevan observando esta tendencia? ¿Es algo nuevo?
Los satélites miden desde 1979, así que tenemos casi 50 años de datos. Pero lo preocupante es que los cuatro peores inviernos han ocurrido en los últimos cuatro años. Eso no es variabilidad natural, eso es una tendencia.
Aunque hay que notar que el Súper Niño de este año probablemente influyó. Los científicos no descartan su papel, pero tampoco dicen que lo explique todo. Hay algo más profundo sucediendo.
¿Qué sucede cuando el hielo desaparece?
El océano absorbe más calor. Las plataformas de hielo quedan expuestas a olas más fuertes. Los glaciares avanzan más rápido hacia el mar. Y eso sí afecta el nivel del mar.
Pero nuevamente, no sabemos exactamente cuánto ni cuán rápido. Los datos de aumento del nivel del mar existen, pero el artículo no cuantifica cuánto de eso viene de la Antártida versus otras fuentes.
¿Entonces Buenos Aires está en peligro?
No de una ola devastadora mañana. Pero sí hay un aumento medible del nivel del mar que ya está ocurriendo. Es un cambio lento pero real.
Y el océano es 17 por ciento más ácido que hace 40 años. Eso afecta la vida marina. Eso es tan importante como el hielo.
The Pulse
- Cuatro inviernos consecutivos con extensiones mínimas de hielo marino confirman que la Antártida ha cruzado un umbral preocupante, no una excepción sino una tendencia establecida.
- En junio pasado, la península antártica sufrió una ola de calor de 20 grados por encima de lo normal, y una zona de océano abierto del tamaño de Francia apareció donde debería haber hielo.
- Sin la barrera protectora del hielo marino, las plataformas glaciares quedan expuestas al oleaje extremo, lo que podría acelerar el deslizamiento de glaciares hacia el mar y elevar los niveles oceánicos.
- El océano austral, más cálido y un 17 por ciento más ácido que en 1985, absorbe ya el 90 por ciento del exceso de calor global, amplificando cada perturbación climática que llega al polo.
- Los científicos advierten que ni el Súper Niño ni ningún factor aislado explica completamente lo que ocurre: el cambio es acumulativo, medible y ya está en marcha.
En el extremo sur del planeta, el anillo de hielo que abraza la Antártida continúa retrocediendo. Por tercer año entre los más bajos desde 1979, el hielo marino alcanzó apenas 17,59 millones de kilómetros cuadrados en septiembre, un millón menos que el promedio histórico. Lo que los científicos observan ya no es una anomalía pasajera, sino la huella de un sistema climático que se transforma de manera sostenida, con consecuencias que se extienden desde los glaciares polares hasta las costas habitadas del mundo.
El hielo marino que rodea la Antártida alcanzó su máxima extensión invernal el 14 de septiembre con 17,59 millones de kilómetros cuadrados, aproximadamente un millón menos que el promedio histórico y el tercer registro más bajo desde que comenzaron las mediciones satelitales en 1979. El Centro Nacional de Datos sobre Nieve y Hielo de Estados Unidos confirmó los números, pero lo que inquieta a los científicos no es la cifra en sí, sino lo que revela sobre una transformación más profunda en el sistema climático polar.
Esta masa de hielo funciona como un indicador sensible de lo que sucede tanto en el continente como en el océano circundante. Diego Winocur, investigador de la Universidad de Buenos Aires, señaló que en los últimos cinco años el volumen de hielo se ha mantenido entre los más bajos jamás registrados. Los cuatro inviernos con menor extensión máxima desde 1979 corresponden a los últimos cuatro años consecutivos, y desde 2021 no se ha registrado una expansión invernal superior a la media histórica. En junio pasado, la península antártica vivió una ola de calor con temperaturas 20 grados por encima de lo normal, mientras una zona de océano abierto del tamaño de Francia apareció donde debería haber hielo.
La pérdida de hielo marino tiene consecuencias que van más allá del hielo mismo. Sin esa barrera natural, las plataformas glaciares quedan expuestas al oleaje y a fenómenos oceánicos extremos, lo que podría acelerar el avance de los glaciares hacia el mar. Winocur aclaró que el hielo marino por sí solo no provocaría un aumento catastrófico del nivel del mar, pero constituye un síntoma de procesos más amplios que podrían intensificarse en los próximos años.
Varios factores se combinan para explicar esta transformación. La temperatura de la superficie oceánica ha aumentado 0,12 grados Celsius por década entre 1982 y 2025, y el fenómeno del Súper Niño ha añadido presión adicional al sistema. Sin embargo, los científicos advierten que ningún factor aislado alcanza para explicar completamente lo que ocurre. El océano es hoy un 17 por ciento más ácido que en 1985 y absorbe alrededor del 90 por ciento del exceso de calor generado por las actividades humanas. Lo que sucede en la Antártida no es una crisis futura hipotética: es un cambio medible que ya está en marcha.
El anillo de hielo que rodea la Antártida se está encogiendo. Este año, cuando los satélites midieron su máxima extensión invernal el 14 de septiembre, el hielo marino antártico alcanzó 17,59 millones de kilómetros cuadrados. Eso representa aproximadamente un millón de kilómetros cuadrados menos que el promedio histórico, y marca el tercer registro más bajo desde que comenzaron las mediciones satelitales en 1979. El Centro Nacional de Datos sobre Nieve y Hielo de Estados Unidos confirmó los números, pero lo que preocupa a los científicos no es solo esta cifra aislada, sino lo que revela sobre una transformación más profunda en el sistema climático polar.
El hielo marino antártico crece únicamente durante el invierno austral, cuando las temperaturas caen y el agua del océano se congela. Esa masa de hielo funciona como un indicador sensible de lo que sucede tanto en el continente como en el océano circundante. Diego Winocur, investigador de la Universidad de Buenos Aires y del Instituto de Estudios Andinos, explicó que durante el invierno el hielo continental se expande y se desborda hacia el mar, pero en los últimos cinco años ese volumen se ha mantenido entre los más bajos jamás registrados. Cuando ese hielo se derrite, se convierte en agua que fluye hacia el océano, un proceso que podría contribuir al aumento del nivel del mar y afectar las zonas costeras en los años venideros.
Lo que hace particularmente alarmante esta tendencia es que no se trata de una anomalía aislada. Los cuatro inviernos antárticos con la menor extensión máxima de hielo marino desde que existen registros satelitales corresponden a los últimos cuatro años consecutivos. Lucas Ruiz, glaciólogo, señaló que estos datos del Centro Nacional ya no representan una excepción sino una tendencia establecida. Desde 2017 se observan anomalías muy bajas en el volumen de hielo marino, y desde 2021 no se ha registrado una expansión invernal superior a la media histórica. En junio pasado, la península antártica experimentó una ola de calor con temperaturas 20 grados Celsius por encima de lo normal, mientras que los científicos identificaron una zona de océano abierto del tamaño de Francia donde debería haber hielo.
La pérdida de hielo marino tiene consecuencias que van más allá del hielo mismo. Cuando hay menos hielo, el océano austral absorbe más calor, y las plataformas de hielo quedan más expuestas al oleaje y a fenómenos oceánicos extremos. Esas plataformas actúan como una barrera que ralentiza el avance de los glaciares hacia el mar. Sin esa protección, los glaciares podrían acelerarse, vertiendo más agua dulce en el océano. Winocur aclaró que el hielo marino por sí solo no provocaría un aumento significativo del nivel del mar, pero constituye un síntoma de procesos más amplios que podrían intensificarse en los próximos años.
Los científicos han identificado varios factores que contribuyen a esta transformación. Según datos de Copernicus, la temperatura de la superficie oceánica ha aumentado en promedio 0,12 grados Celsius por década entre 1982 y 2025. En el Ártico, el calentamiento es mucho más acelerado: alrededor de 1 grado Celsius por década entre 1982 y 2024. Winocur señaló que el fenómeno del Súper Niño de este año ha añadido varios grados adicionales a ese escenario, potencialmente alterando los vientos y la trayectoria de las tormentas. Sin embargo, los científicos advierten que ni siquiera el Súper Niño alcanza para explicar completamente lo que está ocurriendo. A principios de agosto, cuando el hielo debería estar expandiéndose de manera sostenida, una extensa zona del mar de Amundsen perdió hielo, un episodio que se ha vuelto más intenso y frecuente en años recientes.
Los efectos combinados de todas estas variables son múltiples y acumulativos. El océano es hoy aproximadamente 17 por ciento más ácido que en 1985. Absorbe alrededor de un tercio de las emisiones de carbono generadas por las actividades humanas y aproximadamente el 90 por ciento del exceso de calor producido por esas mismas actividades. Se han registrado pérdidas significativas de fauna marina y de hielo marino. Aunque Winocur aclaró que esto no significa que ciudades como Buenos Aires o Mar del Plata vayan a sufrir olas devastadoras que arrases con todo, existen registros concretos del aumento del nivel del mar. Lo que está sucediendo en la Antártida no es una crisis futura hipotética, sino un cambio medible que ya está en marcha.
Notable Quotes
Tenemos que pensar que es mucho el volumen de hielo que se derrite, eso pasa a ser agua que se vierte al mar y eso podría, de alguna manera, hacer subir el nivel del mar y afectar a las zonas costeras— Diego Winocur, investigador de la Universidad de Buenos Aires
Los registros del Nsidc ya no representan una excepción, sino una tendencia— Lucas Ruiz, glaciólogo