Cuatro años después de la muerte de Leonardo Del Vecchio, el arquitecto de uno de los mayores imperios ópticos y financieros del mundo, su hijo homónimo ha renunciado a todos sus cargos ejecutivos en el grupo, convirtiendo una disputa sucesoria silenciosa en un conflicto abierto. La estructura de herencia que el fundador diseñó para equilibrar el poder entre sus ocho herederos ha producido el efecto contrario: un bloqueo casi permanente que ninguna rama familiar puede romper sola. La salida del joven Del Vecchio no es una retirada, sino una reconfiguración de la batalla por el alma de un imper