En la frontera entre Ceuta y Marruecos, cientos de jóvenes —muchos apenas adolescentes— emprenden cada día el camino de regreso a casa cargando no equipaje, sino el peso de un mes vivido a la intemperie. Llegaron impulsados por rumores amplificados en redes sociales que prometían una frontera abierta y una vida posible; se van con el cuerpo golpeado y la ilusión rota. Esta crisis, que el Gobierno español vincula a campañas de desinformación de alcance internacional, recuerda cuánto puede costar a los más vulnerables la distancia entre la promesa y la realidad.
El goteo diario de adolescentes que abandonan Ceuta tras "el peor mes de mi vida"
Miles de menores vivieron en la calle durante un mes sin acceso a servicios básicos, sufriendo violencia física, hambre y trauma psicológico durante la crisis migratoria de Ceuta.