En el ciclo eterno de las reformas que se anuncian con fanfarria y se retiran en silencio, el Gobierno español ha dejado morir su ambicioso plan de exigir un máster obligatorio a quienes aspiren a los cuerpos superiores de la Administración. Lo que el ministro Óscar López presentó hace más de un año como una transformación histórica del acceso al funcionariado ha quedado sepultado bajo la resistencia gremial, el cambio de secretaría de Estado y la inercia burocrática. Mientras tanto, el 57% de los empleados públicos supera los 50 años, y el reloj del relevo generacional sigue avanzando sin que