A mediados de septiembre de 2026, grupos organizados de la derecha estadounidense intentaron dañar la reputación del streamer progresista Hasan Piker difundiendo fotografías personales con intención de ridiculizarlo. La campaña, sin embargo, no logró el efecto viral ni el escándalo que sus promotores esperaban. Este episodio se inscribe en una tendencia más amplia: el acoso digital como extensión deliberada de la confrontación política, y plantea la pregunta de si estas tácticas están comenzando a encontrar sus propios límites.