El flan, ese humilde triángulo de huevo, leche y caramelo que habitó durante décadas las mesas de bares y cocinas familiares, regresa ahora a los restaurantes españoles no como reliquia, sino como declaración de intenciones. Desde 2020, chefs de toda España han redescubierto en este postre clásico una tensión fértil entre la memoria colectiva y la técnica contemporánea. Lo que antes era consuelo cotidiano se convierte hoy en objeto de refinamiento, recordándonos que la nostalgia, cuando se trabaja con honestidad, puede ser también una forma de vanguardia.