Durante generaciones, la cena tardía fue en España mucho más que un horario: era una expresión de identidad, un ritmo de vida tejido en la luz del verano, en la pausa del mediodía y en jornadas laborales que se extendían hasta el anochecer. Hoy, sin anuncio ni ruptura, ese ritmo se está desplazando. Los españoles están sentándose a la mesa antes, respondiendo a presiones laborales, sanitarias y generacionales que los acercan silenciosamente al resto de Europa. No es el fin de una cultura, sino su reconfiguración.