El cuerpo se prepara para correr, pelear o escapar, aunque permanece completamente inmóvil
Cada vez que la Selección disputa un partido decisivo, millones de cuerpos entran en un estado de alerta que la evolución diseñó para correr o pelear, pero que el sillón convierte en una tensión sin salida física. El cardiólogo Martín Lombardero advierte que ese estrés sostenido —distinto al del ejercicio o al del peligro real— puede mantener la presión arterial elevada durante horas y multiplicar el riesgo de eventos cardiovasculares agudos, especialmente en hombres con antecedentes. La pasión futbolera no es incompatible con la salud, pero exige que el hincha también aprenda a escuchar su propio corazón.
- El cerebro de un hincha trata un penal decisivo como si fuera una amenaza de vida, disparando adrenalina y tensión arterial mientras el cuerpo permanece inmóvil durante horas.
- Durante el Mundial de Alemania 2006 los eventos cardiovasculares agudos se multiplicaron 2,6 veces respecto a períodos sin competencia, con mayor impacto en hombres con enfermedades cardíacas previas.
- A diferencia del ejercicio físico —que libera óxido nítrico y restaura el equilibrio en minutos— el estrés futbolístico no tiene descarga muscular y puede prolongar la presión elevada mucho después del pitazo final.
- Ver los partidos acompañado de familia o amigos libera oxitocina y amortigua parte del impacto emocional, convirtiéndose en una recomendación médica concreta.
- Lombardero aconseja caminatas suaves antes y después del partido, comidas livianas, respiración consciente y posponer el ejercicio intenso al día siguiente para quienes tienen factores de riesgo cardiovascular.
Cuando la Selección argentina juega un partido decisivo, el cuerpo de los hinchas vive algo más profundo que la emoción: una cascada fisiológica que puede durar horas después del pitazo final. El cardiólogo Martín Lombardero, miembro de la Sociedad Argentina de Cardiología, explica por qué el estrés de un Mundial afecta el corazón de manera completamente distinta al ejercicio físico o a una amenaza real.
Ante un peligro verdadero, el organismo libera adrenalina y prepara los músculos para correr o pelear: una respuesta intensa pero breve. El ejercicio, por su parte, activa mecanismos beneficiosos como la vasodilatación y el óxido nítrico, que permiten recuperar el equilibrio en minutos. El fútbol, en cambio, genera algo diferente: el cerebro interpreta el partido como una amenaza y prepara al cuerpo para actuar, pero ese cuerpo permanece inmóvil frente al televisor o en la tribuna. Sin descarga física, la presión arterial y la frecuencia cardíaca pueden mantenerse elevadas durante horas. Investigaciones realizadas durante una Eurocopa confirmaron ese efecto prolongado en pacientes con enfermedades cardíacas.
El riesgo no es menor: durante el Mundial de Alemania 2006 se registró un aumento de 2,6 veces en eventos cardiovasculares agudos, especialmente entre hombres con antecedentes coronarios. Sin embargo, Lombardero señala un contrapeso valioso: ver los partidos en compañía favorece la liberación de oxitocina y fortalece los vínculos sociales, amortiguando parte del impacto emocional.
Para quienes tienen factores de riesgo, el especialista recomienda una caminata suave antes del partido y otra relajada al terminar, comidas livianas sin exceso de sal, respiración consciente, y posponer el ejercicio intenso para el día siguiente. También insiste en no interrumpir la medicación habitual ni consumir alcohol o tabaco durante la jornada. La conclusión es clara: vivir el Mundial con pasión es legítimo, pero cuidar el corazón debe seguir siendo siempre la prioridad.
Cuando la Selección argentina disputa un partido decisivo, algo sucede en el cuerpo de los hinchas que va mucho más allá de la emoción. El corazón se acelera, la presión arterial sube, las manos transpiran. Pero lo que ocurre en el interior es más complejo de lo que parece: el organismo experimenta una cascada de reacciones fisiológicas que permanecen activas durante horas, incluso después de que el partido termina y el televidente se levanta del sillón.
El cardiólogo Martín Lombardero, miembro titular de la Sociedad Argentina de Cardiología y autor del libro El corazón es consciente, ha dedicado tiempo a entender por qué el estrés de un Mundial afecta el sistema cardiovascular de una manera completamente distinta a la del ejercicio físico o a la de una amenaza real. "Ver un Mundial estresa al corazón de forma distinta", resume el especialista. La diferencia radica en cómo el cerebro interpreta cada situación y cómo el cuerpo responde a esa interpretación.
Cuando una persona enfrenta un peligro real, el organismo libera enormes cantidades de adrenalina y desvía la circulación hacia el cerebro y los músculos para permitir una reacción rápida: correr, pelear, escapar. Es una respuesta intensa pero generalmente breve, diseñada por la evolución para favorecer la supervivencia. El ejercicio físico, por su parte, también eleva la frecuencia cardíaca y la presión arterial, pero predominan mecanismos beneficiosos como la vasodilatación y la liberación de óxido nítrico, que mejoran el flujo sanguíneo y permiten que el cuerpo recupere el equilibrio en pocos minutos. El estrés de un partido de fútbol, en cambio, representa un fenómeno completamente diferente.
Durante un encuentro trascendental, el cerebro alterna rápidamente entre emociones como miedo, esperanza, euforia, frustración, bronca y alivio. Esa sucesión de estados mantiene activado al organismo durante varias horas. El cerebro interpreta el partido como si se tratara de una amenaza, pero con una diferencia fundamental: el cuerpo se prepara para correr, pelear o escapar, aunque permanece completamente inmóvil frente al televisor o en la tribuna. Esa falta de descarga física hace que la presión arterial y la frecuencia cardíaca puedan mantenerse elevadas mucho tiempo después del final del encuentro. Investigaciones realizadas durante una Eurocopa detectaron que pacientes con enfermedades cardíacas conservaron valores elevados de presión arterial durante varias horas tras los partidos.
En términos de riesgo cardiovascular, la situación más peligrosa sigue siendo enfrentar un peligro real en personas que ya padecen una enfermedad coronaria. El ejercicio físico, por el contrario, es el escenario más favorable para la salud cardiovascular, ya que disminuye notablemente el riesgo de infarto y muerte súbita. El estrés generado por el fútbol ocupa un lugar intermedio. Durante el Mundial de Alemania 2006 se registró un incremento de 2,6 veces en los eventos cardiovasculares agudos respecto de períodos sin competencia mundialista, especialmente entre hombres con antecedentes cardíacos. Sin embargo, Lombardero también destaca un aspecto positivo: compartir los partidos con familiares o amigos favorece la liberación de oxitocina, fortalece los vínculos sociales y ayuda a amortiguar parte del impacto emocional.
Para quienes presentan antecedentes cardiovasculares o factores de riesgo, el especialista ofrece recomendaciones concretas. Sugiere posponer el ejercicio intenso para varias horas después del partido o directamente para el día siguiente, ya que el organismo demora en volver a un estado de relajación tras un encuentro cargado de emociones. Recomienda realizar una caminata suave antes del inicio del partido y salir a caminar de manera relajada una vez terminado el encuentro. En cuanto a la alimentación, aconseja elegir comidas livianas y evitar las picadas con exceso de sal. También es importante no interrumpir la medicación habitual, evitar el consumo de alcohol antes y después del partido, no fumar especialmente durante la jornada del encuentro, y practicar ejercicios de respiración consciente antes y después del partido.
El mensaje final del cardiólogo es claro: vivir un Mundial con intensidad forma parte de la pasión futbolera, pero también es importante escuchar al cuerpo y tomar recaudos, sobre todo si existen antecedentes cardíacos. Un partido puede acelerar las pulsaciones durante horas, aunque cuidar el corazón siempre debe seguir siendo la prioridad. La pasión por el fútbol y la salud cardiovascular no tienen por qué ser incompatibles; simplemente requieren de atención y cuidado.
Notable Quotes
Ver un Mundial estresa al corazón de forma distinta— Cardiólogo Martín Lombardero
El organismo demora en volver a un estado de relajación tras un encuentro cargado de emociones— Cardiólogo Martín Lombardero
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué el estrés de ver un partido es tan diferente al de hacer ejercicio, si ambos aceleran el corazón?
Porque el cuerpo se prepara para actuar pero nunca actúa. En el ejercicio, la actividad física consume esa energía y el corazón se recupera rápido. En un partido, el cerebro interpreta una amenaza, libera adrenalina, pero permaneces sentado. La presión arterial se mantiene elevada horas después.
Entonces, ¿es más peligroso ver un partido que correr?
No exactamente. El ejercicio es lo más saludable para el corazón. Un peligro real es lo más peligroso. El fútbol está en el medio. Pero lo interesante es que durante el Mundial de Alemania 2006 hubo 2,6 veces más eventos cardiovasculares agudos que en períodos normales.
¿Quién corre más riesgo?
Los hombres con antecedentes cardíacos. Si ya tienes una enfermedad coronaria, esos cambios emocionales prolongados pueden ser problemáticos. Por eso el especialista recomienda cuidados específicos.
¿Hay algo que mitigue ese riesgo?
Sí. Ver el partido con familia o amigos. La oxitocina que se libera en esos momentos ayuda a amortiguar el impacto emocional. No es solo distracción; es biología.
¿Qué debería hacer alguien con antecedentes cardíacos después de un partido intenso?
Evitar ejercicio intenso ese día o al siguiente. Hacer una caminata suave. Respiración consciente. Comida liviana. Mantener la medicación. Básicamente, permitir que el cuerpo se recupere del esfuerzo emocional, no añadir más estrés físico.
¿Es posible disfrutar el fútbol sin comprometer la salud?
Completamente. Solo requiere escuchar al cuerpo y tomar recaudos. La pasión y la salud no son incompatibles; simplemente necesitan atención.