Europa entra en el otoño de 2026 con reservas de gas al 68%, un nivel que, comparado con el 83% del año anterior, revela no una crisis de abastecimiento sino una vulnerabilidad de precio. La caída de suministros desde el Golfo Pérsico y la reconfiguración del mercado global —donde Estados Unidos emerge como exportador dominante y Qatar compra gas estadounidense para sus propios clientes— han redibujado las reglas del juego energético. El continente probablemente superará el invierno, pero cada grado de frío inesperado, cada fallo del viento, tiene ahora un coste que hogares e industrias pagará