Hace medio siglo, dos robots de la NASA aterrizaron en Marte cargando la pregunta más antigua de la astronomía moderna. Los científicos Gilbert Levin y Patricia Straat creyeron haber encontrado la respuesta, pero el consenso científico los relegó al margen de la historia. Cincuenta años después, el descubrimiento de percloratos en suelo marciano ha reabierto el expediente, obligando a la ciencia a preguntarse no solo si había vida, sino si los instrumentos diseñados para buscarla eran capaces de reconocerla.