En un momento en que la inteligencia artificial avanza con una velocidad que desafía la comprensión humana, una voz satírica propone que nuestra salvación no vendrá de la razón ni de la tecnología, sino de aquello que siempre hemos considerado un defecto: la vanidad. A través del espejo de futbolistas como Mbappé y Lamine Yamal, que proclaman sin pudor su grandeza, la columna sugiere que el ego colectivo de la especie —ese impulso de preguntarle a una máquina si somos los más guapos— podría ser, paradójicamente, nuestra última línea de defensa. La humanidad, incapaz de pronunciar correctamente