No me vuelvo a quedar nunca más sola
Dieciocho días después de que dos terremotos arrasaran Venezuela el 24 de junio, dejando casi 4500 muertos y más de 16 mil heridos, la crisis más invisible comienza a tomar forma entre los escombros: miles de niños huérfanos que cargan traumas que ningún número oficial puede medir. Organizaciones como UNICEF advierten que el apoyo psicosocial es tan urgente como el agua o el techo, porque lo que estos menores han perdido no se reconstruye con cemento. En medio del dolor, historias como la de Fabiana —rescatada viva tras 32 horas bajo los escombros— recuerdan que la resiliencia humana persiste incluso donde todo parece haberse derrumbado.
- Miles de niños quedaron huérfanos de un día para otro, y los síntomas son inmediatos: miedo nocturno, insomnio y una angustia que las voluntarias describen como absolutamente crítica.
- Familias enteras lo perdieron todo —incluyendo una con un bebé de 10 meses viviendo en la calle— mientras casi 20 mil personas sobreviven en 108 campamentos transitorios con recursos limitados.
- UNICEF y organizaciones humanitarias trabajan para crear espacios donde los niños puedan volver a jugar y conectar, pero la demanda de atención psicosocial supera con creces la capacidad disponible.
- El gobierno reporta 4490 muertos, 16 740 heridos y 1222 réplicas desde el 24 de junio, y las autoridades anticipan que la cifra de personas sin hogar seguirá creciendo al inspeccionar edificios dañados.
- La historia de Fabiana, de 12 años, rescatada tras 32 horas sola bajo los escombros, concentra el miedo colectivo de una generación: su primer mensaje a su madre fue que nunca más se quedaría sola.
- Lo que estos niños necesitan no aparece en ningún reporte oficial: la posibilidad de dormir sin miedo y de volver a sentirse seguros en un país que aún tiembla.
Dieciocho días después del doble terremoto del 24 de junio que mató a 4490 personas en Venezuela, la crisis más profunda no está en los edificios caídos sino en los niños que sobrevivieron. Miles de menores perdieron a sus padres y viven atrapados en un trauma que UNICEF describe como absolutamente crítico: tienen miedo cuando llega la noche, no pueden dormir, y necesitan atención psicológica especializada con urgencia. Las voluntarias que los acompañan trabajan para devolverles algo tan simple como un espacio donde volver a ser niños.
Las historias individuales revelan la escala del desastre. Génesis sobrevivió pero perdió a su abuela y a una tía; ahora vive en un refugio con sus tres hijos pequeños. Cuando le preguntaron qué necesitaban, uno de los niños respondió: nos faltan juguetes. Otra familia tiene un bebé de 10 meses viviendo en la calle. Según las autoridades, casi 20 mil personas habitan en 108 campamentos transitorios habilitados en escuelas de Caracas, Miranda y La Guaira, y se espera que el número de damnificados siga creciendo.
En medio de tanta devastación, la historia de Fabiana ofrece un respiro. La niña de 12 años pasó 32 horas sola bajo los escombros de su departamento en La Guaira después de que el edificio colapsara mientras su madre trabajaba. Cuando escuchó voces que la llamaban, lloró de felicidad. Al reencontrarse con su madre, le dijo lo que resume el miedo de toda una generación: no me vuelvo a quedar nunca más sola. Antes de partir, dejó un mensaje para las otras víctimas: que confíen en Dios y que nunca apaguen su sonrisa.
Mientras los números oficiales continúan creciendo —4490 muertos, 16 740 heridos, 1222 réplicas— lo que más urge no aparece en ningún reporte: la oportunidad de que miles de niños venezolanos vuelvan a sentirse seguros y puedan, simplemente, dormir sin miedo.
Dieciocho días después de que dos terremotos sacudieran Venezuela el 24 de junio, dejando 4490 muertos y más de 16 mil heridos, el país enfrenta una crisis que va más allá de los números. Entre los escombros y los campamentos de emergencia hay miles de niños que perdieron a sus padres, atrapados en un trauma que las organizaciones humanitarias describen como absolutamente crítico. UNICEF y otras entidades que trabajan en el terreno advierten que la necesidad de apoyo psicosocial es una de las más urgentes que enfrentan ahora mismo.
Los síntomas son claros y perturbadores. Los niños tienen miedo cuando llega la noche. No pueden dormir. Cargan con traumas que requieren atención especializada, y las voluntarias que los atienden trabajan para crear espacios donde puedan volver a ser niños después de vivir algo tan devastador. Una representante de UNICEF explicó a TN que el trabajo consiste en brindar ese apoyo psicosocial tanto a los menores como a sus familias, porque es lo que más urge en este momento. Lo que sorprende a quienes trabajan con ellos es la resiliencia natural que los chicos demuestran incluso en las peores circunstancias, encontrando momentos para jugar, reír y conectar con otros a pesar de todo.
Las historias individuales revelan la magnitud del desastre. Génesis sobrevivió pero perdió a su abuela y a una tía. Ahora vive en un refugio con sus tres hijos, de 5, 6 y 7 años. Cuando le preguntaron qué necesitaban con mayor urgencia, uno de los niños respondió simplemente: nos faltan juguetes. Hay familias que lo perdieron absolutamente todo. Una de ellas tiene un bebé de 10 meses que ahora vive en la calle, sin un hogar al que regresar. Según el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, 120 mil familias han sido atendidas y hay casi 20 mil personas viviendo en 108 campamentos transitorios habilitados en escuelas de Caracas y los estados de Miranda y La Guaira, la región más golpeada. Se espera que la cifra de personas sin hogar suba significativamente a medida que continúen inspeccionando edificios que no se derrumbaron pero sufrieron daños graves.
En medio de tanta devastación, algunas historias ofrecen un respiro. Fabiana, una niña de 12 años, fue rescatada con vida después de pasar 32 horas bajo los escombros de su departamento en La Guaira. Estaba sola cuando comenzó el terremoto. Su madre había salido a trabajar. Ella estaba en su cuarto mirando el teléfono cuando decidió ir a la cocina a tomar agua. Fue entonces cuando todo comenzó a moverse violentamente. El edificio se tambaleaba, se inclinaba. Segundos después, los escombros comenzaron a caer a su alrededor. Cuando todo quedó en silencio, ella se quedó pensando qué haría a continuación.
Durante esas 32 horas bajo el techo que tenía en su cara, Fabiana escuchó su nombre a lo lejos. Escuchó voces que la llamaban y lloró de felicidad sabiendo que la iban a rescatar, que vería a su familia de nuevo. Cuando se reencontró con su madre, le dijo algo que resume el miedo que todos los niños de Venezuela cargan ahora: no me vuelvo a quedar nunca más sola. Fabiana dejó un mensaje para las otras víctimas del terremoto en su país. Pidió que siempre confíen en Dios porque él tendrá sus razones para todos. Y que nunca apaguen su sonrisa.
Los números de la tragedia continúan creciendo. El gobierno reportó 4490 muertes en el último balance oficial, sumando 157 víctimas más al informe anterior. Hay 16 mil 740 heridos. Desde el 24 de junio ha habido 1222 réplicas. Cerca de 18 mil personas perdieron sus casas, aunque las autoridades esperan que ese número aumente. Lo que está claro es que mientras se cuentan los muertos y se miden los daños estructurales, hay miles de niños que necesitan algo que no aparece en ningún reporte oficial: la oportunidad de volver a sentirse seguros, de dormir sin miedo, de ser niños de nuevo.
Notable Quotes
Lo que vemos son niños y niñas con miedo en la noche, que no pueden dormir, con traumas que necesitan ser atendidos— Representante de UNICEF
Siempre confíen en Dios porque él va a tener sus razones para todos. Y que nunca apaguen su sonrisa— Fabiana, niña rescatada tras 32 horas bajo los escombros
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué el enfoque en los niños huérfanos específicamente? ¿No hay otras necesidades igual de urgentes?
Las hay, claro. Pero los niños tienen una vulnerabilidad particular. Perdieron a sus padres, perdieron sus casas, y ahora cargan con traumas que van a marcar sus vidas si no se atienden. UNICEF lo dice claramente: es una de las necesidades más urgentes.
¿Qué tipo de trauma estamos hablando? ¿Miedo nocturno solamente?
Es más profundo. Miedo nocturno, insomnio, incapacidad para procesar lo que vivieron. Algunos niños estaban solos cuando pasó. Otros vieron morir a sus padres. El trauma es multidimensional.
La historia de Fabiana es esperanzadora, pero ¿es representativa? ¿Hay muchos casos así?
No. Fabiana es la excepción. Pasó 32 horas bajo los escombros y salió viva. Eso es milagroso. Pero la mayoría de los niños que sobrevivieron no tienen esa historia de rescate dramático. Tienen historias de pérdida, de vivir en campamentos, de no tener juguetes.
¿Qué significa que un niño diga "nos faltan juguetes" en una situación así?
Significa que incluso en la extrema vulnerabilidad, los niños siguen siendo niños. No piden cosas complicadas. Piden lo que necesitan para procesar, para jugar, para intentar volver a la normalidad. Es desgarrador porque es tan simple y tan imposible al mismo tiempo.
¿Cuál es el siguiente paso para estos niños? ¿Hay un plan?
Las organizaciones humanitarias están brindando apoyo psicosocial ahora. Pero esto es una crisis a largo plazo. Estos niños van a necesitar atención durante años. El trauma no desaparece en semanas.