El polo sur lunar es un desierto gris con temperaturas extremas y vastas zonas de sombra permanente donde no hay absolutamente nada para sustentar vida humana. La misión requiere desarrollar nuevas tecnologías en materiales, sistemas energéticos y reactores nucleares pequeños que transformarán la vida en la Tierra, similar al impacto del programa Apollo.
El director de la Base Lunar de la NASA: «Vamos a vivir en la Luna, con 120ºC al sol y 210ºC bajo cero»
La Luna podría ser una hermandad humana
¿Por qué el polo sur lunar y no otro lugar?
El polo sur tiene cráteres que han estado en sombra permanente durante miles de millones de años. Allí puede haber agua congelada que nos cuente cómo se formó el sistema solar. Es ciencia fundamental.
Pero ¿realmente sabemos que hay agua allí, o es una hipótesis?
Es una hipótesis fuerte basada en observaciones, pero García Galán es honesto: conocemos muy poco la Luna. Por eso lanzan una misión robótica este año con buenas cámaras.
¿Qué es lo más peligroso de vivir allí?
Los extremos. 120 grados al sol, 210 bajo cero en la sombra. Sin atmósfera. Sin nada. El polvo es abrasivo y se cuela en los mecanismos.
¿Y tienen soluciones para eso?
Están desarrollándolas. Nuevos materiales, sistemas energéticos, reactores nucleares pequeños. Pero no es algo que ya exista.
¿Por qué no trabajar todos juntos en lugar de competir?
Eso es lo que García Galán espera. En la Estación Espacial Internacional, rusos y estadounidenses trabajan juntos. Dice que la Luna podría ser una hermandad humana.
¿Pero la competencia geopolítica no es más fuerte que eso?
Es la pregunta del momento. García Galán cree que tendremos que resolverlo como humanidad, como resolvemos el agua y las fronteras en la Tierra.
The Pulse
- Carlos García Galán, 52 años, dirige el programa de Base Lunar de la NASA desde Houston
- Polo sur lunar: 120°C al sol, -210°C en sombra, sin atmósfera ni recursos
- 27 años trabajando en vuelos tripulados; ha supervisado Orion y Gateway
- NASA lanza misión robótica al polo sur este año para explorar cráteres en sombra permanente
El polo sur lunar es un desierto gris con temperaturas extremas y vastas zonas de sombra permanente donde no hay absolutamente nada para sustentar vida humana. La misión requiere desarrollar nuevas tecnologías en materiales, sistemas energéticos y reactores nucleares pequeños que transformarán la vida en la Tierra, similar al impacto del programa Apollo.
Carlos García Galán, director del programa de Base Lunar de la NASA, describe los extremos ambientales lunares (120°C al sol, -210°C en sombra) y los desafíos tecnológicos para establecer una presencia humana permanente en el polo sur lunar.
Carlos García Galán tiene 52 años, nació en Málaga un 4 de julio, y ahora dirige desde Houston el programa de Base Lunar de la NASA. Lleva 27 años trabajando en vuelos tripulados, ha supervisado el desarrollo de la nave Orion que transporta astronautas a la Luna, y ha vivido emergencias en órbita: alarmas de incendio, despresurización en la Estación Espacial Internacional, paneles solares rasgados al desplegarse. Hoy su responsabilidad es construir un asentamiento humano permanente en uno de los lugares más hostiles del sistema solar.
De niño, hijo de piloto y azafata, vio un lanzamiento de transbordador espacial en una película de la NASA y supo lo que quería hacer. A los 17 años cruzó el Atlántico hacia Estados Unidos. A los 22 ya controlaba operaciones de la Estación Espacial Internacional. Pasó meses trabajando con equipos rusos en Korolev, una experiencia que le enseñó que más allá de las diferencias culturales y los métodos distintos, compartían un objetivo común: explorar y mantener vivos a los astronautas. La tragedia del Columbia le dejó una lección que no olvida: en el espacio no puedes asumir que porque algo funcionó 50 veces funcionará la 51.
El polo sur lunar, donde la NASA planea establecer su base, es un desierto gris cubierto de cráteres. El Sol está tan bajo en el horizonte que crea vastas zonas de sombra permanente. En las áreas iluminadas, la temperatura alcanza unos 120 grados centígrados. En las sombras desciende a 210 grados bajo cero. No hay atmósfera. No hay agua accesible. No hay absolutamente nada. García Galán describe el conocimiento actual de la Luna con una comparación clara: si África solo hubiera recibido seis expediciones, doce personas en total, y solo tuviéramos algunas fotos de satélite, ¿diríamos que conocemos África? Así es aproximadamente nuestro conocimiento lunar.
La lista de lo que hay que resolver es exhaustiva: agua, electricidad, comunicaciones, navegación, logística. El polvo lunar es abrasivo y capaz de colarse en los mecanismos más pequeños, convirtiéndose en un enemigo silencioso. Hay que diseñar un váter que funcione en gravedad lunar. Hay que gestionar la basura. Hay que crear sistemas de energía que funcionen en temperaturas extremas. La NASA ha cambiado su estrategia deliberadamente: no quiere depender de una única empresa ni de un único sistema. Si algo falla, otro proyecto debe permitir que el programa continúe avanzando.
Pero ¿por qué empeñarse en vivir en un lugar tan difícil? García Galán señala que intentar algo tan extremo obliga a desarrollar tecnologías que después transforman la vida en la Tierra. El programa Apollo necesitaba meter un ordenador en una nave cuando los ordenadores ocupaban habitaciones enteras. Ese desafío impulsó la microelectrónica. Ahora tendrán que desarrollar nuevos materiales, sistemas energéticos innovadores, reactores nucleares pequeños y compactos. Y podrán hacer ciencia fundamental: en cráteres que han estado en sombra durante miles de millones de años puede haber agua que revele cómo se formó el sistema solar.
Artemis II cambió la manera en que García Galán ve la Luna. Cuando los astronautas pasaron por la cara oculta y describieron lo que veían—cráteres, impactos, colores que nadie imaginaba, un resplandor durante un eclipse que ahora estudian los científicos—la Luna dejó de ser un objetivo abstracto. Se convirtió en algo remotísimo, desconocido, casi otra dimensión. Y ahí van a construir una base.
China, Rusia y Estados Unidos compiten por llegar primero. García Galán no ve esto como un problema del espacio, sino como un problema de la civilización. Ya discutimos por el agua, las fronteras, los recursos. Tendremos que resolverlo como humanidad. Él preferiría que la Luna fuera una hermandad humana. Quizá lo sea. En la Estación Espacial Internacional, rusos y estadounidenses trabajan juntos. Este año iniciamos una misión robótica al polo sur con buenas cámaras. García Galán piensa mucho en qué van a descubrir cuando vean aquello de cerca. Ha sacrificado parte de su conexión con España, pero ha cumplido un sueño. Lo que están haciendo será histórico.
Notable Quotes
En la Luna no hay absolutamente nada. Hay que solucionar agua, electricidad, comunicaciones, navegación, logística.— Carlos García Galán
Intentar algo tan difícil obliga a desarrollar tecnologías que después transforman nuestra vida. El programa Apollo impulsó la microelectrónica.— Carlos García Galán