En un momento en que la inflación española roza el 4,3%, el dinero guardado en depósitos o letras del Tesoro pierde poder adquisitivo en silencio, erosionado por una realidad que los números no siempre hacen visible. Lo que ocurre en el estrecho de Ormuz resuena, de manera casi invisible, en las carteras de millones de ahorradores que buscaban refugio en la prudencia. La sabiduría financiera de este tiempo parece exigir algo que siempre ha costado: aceptar cierta incertidumbre para no quedarse quieto mientras el dinero mengua.