Si eliminas Doñana, eliminas el último punto de repostaje antes del Sahara
Durante cuatro décadas, Doñana ha ido perdiendo el agua que la hace única, y con ella, la capacidad de sostener a cientos de miles de aves migratorias que llegan cada invierno desde el norte de Europa. Un estudio de largo aliento revela que nueve de quince especies analizadas han menguado significativamente, víctimas de una marisma que se inunda menos, más tarde y con menor abundancia de alimento. Lo que ocurre en este rincón de Andalucía no es un asunto local: es el reflejo de una cadena de vida que conecta Alemania, Suecia y Dinamarca con el último gran humedal viable antes del Sahara.
- En 2024 se contaron apenas 122.000 aves en Doñana, el peor registro histórico, con los gansos desplomándose de 40.000 a 4.200 ejemplares en cuatro décadas.
- Las aves que no encuentran alimento suficiente llegan debilitadas a sus zonas de cría en el norte de Europa, mueren durante la migración o directamente no se reproducen, propagando el daño a poblaciones de varios países.
- El cambio climático y la sobreexplotación de acuíferos por la agricultura intensiva se combinan para robarle agua a la marisma, mientras los humedales del norte de África —antigua alternativa— se vuelven demasiado cálidos para ser refugio.
- Las especies que toleran condiciones secas están desplazando a las que dependen de altos niveles de inundación, señal de una transformación ecológica profunda e irreversible si no se actúa.
- Investigadores y conservacionistas coinciden: sin decisiones políticas urgentes para devolver el agua a Doñana, el humedal se convertirá en un hábitat hostil y se acelerará la extinción de especies que no tienen adónde ir.
Doñana se seca, y con ella se deshace una red de supervivencia crítica para las aves migratorias de Europa. Un estudio basado en 38 años de censos revela que nueve de cada quince especies analizadas han visto sus poblaciones contraerse de forma significativa. La marisma se inunda cada vez menos, más tarde y con menor capacidad de producir alimento para los cientos de miles de ejemplares que llegan cada invierno.
Miguel de Felipe, investigador de la Estación Biológica de Doñana, ha documentado el efecto dominó: las aves que no se alimentan bien mueren durante la migración de regreso o llegan sin energía para reproducirse. El impacto alcanza a poblaciones que anidan en Alemania, Suecia y Dinamarca. Hace cuatro décadas, el ochenta por ciento de los gansos centroeuropeos migraban a Doñana; hoy, en enero de 2024, solo se contaron 4.200 ejemplares frente a los 40.000 habituales. Donde antes dominaban el ánsar común y la cerceta, ahora proliferan especies del norte de África que toleran la sequedad.
Ese desplazamiento refleja una transformación más honda. Los humedales norteafricanos, antes alternativa viable, se han vuelto demasiado cálidos. Doñana sigue siendo relativamente más fresca y productiva, pero esa ventaja se erosiona cada año. Ya no quedan refugios más al sur.
Carlos Dávila, de SEO/BirdLife, subraya que el deterioro de Doñana es un problema europeo: de nada sirve invertir en conservación en el norte si las aves mueren de hambre en el sur. El parque es el último punto de repostaje antes de cruzar el Sahara. Las causas son dos y están entrelazadas: el cambio climático reduce las precipitaciones, y la sobreexplotación de acuíferos por la agricultura intensiva agrava la escasez. De Felipe es claro sobre la solución —devolver el agua al parque— aunque sabe que eso exige decisiones políticas que van mucho más allá de sus límites. Sin ellas, advierten los expertos, Doñana dejará de ser refugio para convertirse en trampa.
Doñana se está secando, y con ella se desmorona una de las redes de supervivencia más críticas para las aves migratorias de Europa. Un estudio de cuatro décadas de censos revela que nueve de cada quince especies analizadas han visto sus poblaciones contraerse significativamente, víctimas de un humedal que cada año se inunda menos, más tarde, y produce menos alimento para sostener a los cientos de miles de ejemplares que llegan cada invierno en busca de temperaturas más cálidas.
Miguel de Felipe, investigador principal de la Estación Biológica de Doñana, ha documentado cómo el deterioro del parque nacional andaluz genera un efecto dominó letal. Cuando las aves acuáticas no encuentran alimento suficiente, su condición física se degrada. Muchas mueren durante el viaje de regreso a sus zonas de cría en el norte de Europa. Otras, si logran llegar, tienen menos energía para reproducirse, o directamente no lo hacen. El impacto no es local: afecta a poblaciones que anidan en Alemania, Suecia, Dinamarca y más allá.
Lo que hace a Doñana insustituible es su posición geográfica y su capacidad única. Es el único humedal europeo capaz de albergar a cientos de miles de aves en invierno. Hace cuarenta años, el ochenta por ciento de los gansos que criaban en Centroeuropa migraban a Doñana. Ahora, esa cifra se ha desplomado. En enero pasado, los censos registraron apenas 4.200 gansos en el parque, comparado con los 40.000 que era habitual ver cada invierno hace décadas. El cambio es brutal y visible: donde antes dominaban especies como el ánsar común, el pato silbón y la cerceta común—todas dependientes de altos niveles de inundación—ahora abundan el pato cuchara y el pato rabudo, procedentes del norte de África, que toleran condiciones más secas.
Este cambio de composición de especies refleja una transformación más profunda. El cambio climático ha elevado las temperaturas y reducido las precipitaciones en toda la región. Los humedales del norte de África, donde estas aves solían pasar el invierno, han sufrido sequías prolongadas y ahora son demasiado cálidos. Doñana, aunque también se seca, sigue siendo relativamente más fresca y productiva que sus alternativas al sur. Pero esa ventaja comparativa se erosiona cada año. Ya no quedan más humedales viables hacia el sur a los que migrar.
En 2024, el parque registró 122.000 aves en total, según el censo de Wetlands International, un programa de monitoreo que opera en 143 países. Es el peor dato de toda la serie histórica. Carlos Dávila, responsable de la Oficina Técnica de SEO/BirdLife en Doñana, subraya que el estudio de la Estación Biológica confirma algo que los conservacionistas llevan años advirtiendo: el deterioro de Doñana no es un problema regional, es un problema europeo. Si el parque falla, fallan las inversiones que países centroeuropeos están haciendo para proteger a sus aves acuáticas. De nada sirve financiar la conservación en el norte si las aves mueren de hambre en el sur.
El estudio se basa en 38 años de datos de censos, complementados con observaciones históricas de anillamiento de aves de múltiples instituciones. Esa profundidad temporal es crucial: permite distinguir entre variabilidad natural—algunos años llueve más, otros menos—y tendencias reales de declive. De Felipe advierte que evaluar el impacto es complejo precisamente porque la variabilidad es la norma en estos entornos. Pero cuatro décadas de datos no mienten.
El deterioro tiene dos causas entrelazadas. El cambio climático reduce precipitaciones e inunda menos la marisma. Pero además, la sobreexplotación de acuíferos por agricultura intensiva de regadío agrava el problema. Doñana no solo compite con el clima; compite con los campos de riego que rodean el parque. De Felipe no quiere ser pesimista—ninguna especie se ha extinguido aún—pero es claro sobre lo que se necesita: devolver el agua a Doñana. Eso requiere decisiones políticas y de gestión de recursos hídricos que van más allá del parque mismo.
Dávila insiste en que salvar Doñana es una obligación. Si no se actúa, la sequía se intensificará en el corto plazo, convirtiendo el humedal en un hábitat hostil para la invernada y la reproducción, acelerando extinciones. El parque es el último punto de repostaje antes de que las aves crucen el Sahara hacia Sudáfrica. Eliminar Doñana sería eliminar una pieza insustituible de la supervivencia del Paleártico.
Notable Quotes
Cada vez se inunda menos, más tarde y produce menos alimento— Miguel de Felipe, investigador de la Estación Biológica de Doñana
Es el peor dato de toda la serie histórica del parque nacional— Carlos Dávila, SEO/BirdLife, sobre los 122.000 aves registradas en 2024
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué Doñana es tan importante si hay otros humedales en Europa?
Porque no hay otros. Es el único capaz de albergar a cientos de miles de aves en invierno. Está en el punto exacto donde convergen migraciones desde el norte de Europa hacia África. Si desaparece, no hay alternativa en miles de kilómetros.
Entonces, ¿el cambio climático es el único culpable?
No. El clima reduce las lluvias, sí, pero la agricultura intensiva de regadío agota los acuíferos. Actúan juntos. El parque está siendo exprimido desde dos direcciones.
¿Cómo saben que el deterioro es real y no solo variación natural?
Llevan 38 años contando aves. Cuatro décadas de datos. La variabilidad existe, pero las tendencias son claras: nueve de quince especies analizadas están en declive. Los gansos cayeron de 40.000 a 4.200 en invierno.
¿Qué pasa si un ave no encuentra alimento en Doñana?
Muere en el viaje de vuelta a casa, o llega tan débil que no puede reproducirse. El impacto no es solo en Doñana; afecta a poblaciones que anidan en Alemania, Suecia, Dinamarca. Es un problema europeo.
¿Se puede restaurar?
Sí, pero requiere devolver agua al parque. Eso significa decisiones políticas sobre cómo se distribuyen los recursos hídricos. Aún no se ha extinguido ninguna especie, pero el tiempo se agota.
¿Por qué los gansos no van a otros lugares?
Porque los humedales del norte de África, donde solían ir, ahora están demasiado secos y cálidos. Doñana es la única opción viable que les queda.