El domingo se desalojaron 1.100 migrantes de El Trampolín; 900 optaron por retornar voluntariamente a Marruecos frente a solo 200 que se quedaron en el centro de registro. Los migrantes enfrentan una disyuntiva: retorno voluntario sin registro o entrada al CATE con tramitación de expulsión que implica prohibición de entrada de 3 a 10 años.
El desalojo de El Trampolín dispara los "retornos voluntarios" a Marruecos: 900 migrantes en un día
Regresar voluntariamente sin registro, o quedarse y aceptar años de prohibición de entrada
¿Por qué 900 personas decidieron marcharse en un solo día? Eso parece un número extraordinario.
Porque se enfrentaban a una elección imposible. Si se quedaban y entraban en el centro de registro, iniciaban un proceso de expulsión que les dejaría inscritos en bases de datos policiales y les prohibiría entrar en España durante años. Si se marchaban voluntariamente, se iban sin ese expediente.
Pero espera. ¿Realmente fue una elección? Los policías les explicaban las consecuencias de quedarse, les decían que sus solicitudes de asilo serían denegadas, que enfrentarían prohibiciones de entrada de diez años. ¿Eso es información o es presión?
Las autoridades dicen que es información. Dicen que están descartando cualquier presión. Pero tienes razón en señalar que la diferencia entre informar sobre consecuencias graves y presionar para que alguien se marche es muy delgada.
¿Cuánto tiempo llevaban estas personas en Ceuta?
Más de dos meses. Viviendo en playas, en asentamientos precarios. El cansancio, el hambre, la falta de esperanza de obtener asilo siendo marroquíes, todo eso pesaba en la decisión.
Aquí hay algo que no está claro. El artículo dice que los policías tienen estas conversaciones "fuera del acceso a la prensa". ¿Cómo sabemos exactamente qué se les dice a los migrantes si nadie puede verificarlo?
Solo tenemos lo que dicen las fuentes policiales. Dicen que informan sobre las consecuencias, sobre las denegaciones de asilo, sobre las prohibiciones de entrada. Pero tienes razón, no hay observadores independientes.
¿Y qué pasó el lunes? ¿Por qué fue diferente?
El lunes, muchos migrantes ya sabían lo que había pasado el domingo. Sabían que sus compañeros habían sido trasladados en autobús al paso fronterizo. Así que se fueron a las montañas para evitar ser capturados. Otros simplemente caminaron por su cuenta hacia la frontera.
Entonces, ¿el número de retornos voluntarios el lunes fue menor porque menos gente fue desalojada, o porque la gente se escapó antes de poder ser desalojada?
Ambas cosas. Solo sacaron a 300 personas el lunes, y de esas, 200 regresaron voluntariamente. Pero muchos otros se fueron a esconderse en las montañas.
¿Qué significa esto para el futuro? ¿Seguirá este patrón?
Las autoridades dicen que el ritmo de retornos se está incrementando y que hay coordinación con la policía marroquí. Pero si los migrantes siguen escapando a las montañas, el sistema podría volverse más complicado.
O Pulso
- 900 de 1.100 migrantes desalojados el domingo regresaron voluntariamente a Marruecos (80%)
- Prohibición de entrada en España de 3 a 10 años para quienes inician expediente de expulsión
- Más de 2.500 personas vivían en el asentamiento de El Trampolín antes del desalojo
- El lunes, 300 personas fueron desalojadas; 200 regresaron voluntariamente
El domingo se desalojaron 1.100 migrantes de El Trampolín; 900 optaron por retornar voluntariamente a Marruecos frente a solo 200 que se quedaron en el centro de registro. Los migrantes enfrentan una disyuntiva: retorno voluntario sin registro o entrada al CATE con tramitación de expulsión que implica prohibición de entrada de 3 a 10 años.
La Policía Nacional desaloja la playa de El Trampolín en Ceuta, provocando que el 80% de los migrantes (900 personas) regresen voluntariamente a Marruecos en lugar de iniciar trámites de expulsión formal.
El domingo por la mañana, cuando la Policía Nacional llegó sin previo aviso a la playa de El Trampolín en Ceuta, encontró alrededor de 2.500 personas viviendo en el asentamiento. A las ocho en punto comenzó el desalojo. Durante doce horas y media, los agentes sacaron a 1.100 migrantes de la arena en autobuses custodiados, trasladándolos al paso fronterizo de El Tarajal. Lo que sorprendió incluso a los propios policías fue lo que sucedió después: 900 de esas 1.100 personas, el 80 por ciento, decidieron regresar inmediatamente a Marruecos en lugar de quedarse en Ceuta. Solo unos 200 optaron por permanecer en el centro de registro de datos para iniciar los trámites administrativos. Cuando los agentes se retiraron al atardecer, justo cuando sonaba la llamada al rezo islámico desde la playa, quedaba apenas presencia policial vigilando la zona.
El lunes, el operativo continuó. Los agentes reanudaron el desmantelamiento del poblado a las ocho de la mañana, pero esta vez duraron apenas dos horas. Sacaron a unas 300 personas más de la playa. De nuevo, alrededor de 200 regresaron voluntariamente a Marruecos. Pero la dinámica había cambiado. Conscientes de lo ocurrido el día anterior, muchos de los migrantes que aún permanecían en El Trampolín se marcharon a las montañas para evitar ser trasladados en autobús. Otros cogieron sus pertenencias y caminaron por su propia cuenta hacia la frontera. Durante todo el día, mientras caía lluvia que a veces se convertía en tormenta, el goteo de personas abandonando la ciudad continuó sin pausa.
Estos retornos masivos representan un cambio radical respecto a lo que venía ocurriendo en Ceuta desde el inicio de la crisis migratoria. Antes del desalojo de las playas, los retornos diarios oscilaban alrededor de cien personas. Funcionaban de manera distinta: un migrante que vivía en la calle caminaba por su cuenta hasta El Tarajal y salía por una puerta ubicada a la izquierda del control fronterizo, una puerta que antes de la crisis permanecía cerrada pero que ahora las autoridades españolas mantienen abierta para quienes desean marcharse. Lo hacían solos, sin custodia. Una vez llegaban al final del camino, la Policía marroquí los registraba y aceptaba su entrada.
El nuevo sistema, impulsado directamente por el Gobierno central, funciona de manera muy distinta. La Policía Nacional extrae a los migrantes de los asentamientos en la playa y los obliga a subir en autobuses por grupos. Los traslada al paso fronterizo de El Tarajal, donde existe el Centro de Atención Temporal a Extranjeros, una dependencia acondicionada para que registren sus datos, sean filiados y comiencen los trámites de extranjería antes de ingresar en un recurso de acogida. Ese es el paso previo al proceso de expulsión. Justo cuando los migrantes bajan del autobús, los policías les plantean una disyuntiva clara: pueden regresar voluntariamente a Marruecos por una garita ubicada detrás, sin dar sus datos, o pueden quedarse en Ceuta. Si se quedan, deben entrar al CATE, registrarse y aceptar que se inicie la tramitación del proceso de expulsión.
La mayoría de quienes permanecían en El Trampolín eran migrantes de origen magrebí, para quienes es extremadamente difícil obtener asilo. Eso significa que, si aceptaban quedarse y entrar en el CATE, lo más probable era que al final del proceso recibieran una orden de retorno. Pero esa orden de retorno conlleva consecuencias graves: inscripción en bases de datos policiales, prohibición de entrada en España durante años —tres, cinco o incluso diez años en caso de delitos graves—, y un expediente de expulsión que quedará registrado. Según fuentes policiales, los agentes informan a los migrantes sobre estas consecuencias durante conversaciones que ocurren fuera del acceso a la prensa. Les explican que las solicitudes de protección internacional de nacionales marroquíes están siendo denegadas sistemáticamente, que es muy probable que no cumplan los requisitos para obtener esa protección y que, por lo tanto, enfrentarán un expediente de expulsión con todas sus implicaciones.
Todo esto, unido a que muchos de estos migrantes llevan más de dos meses viviendo en la ciudad autónoma bajo condiciones precarias, termina inclinando la balanza hacia la salida. El domingo, la imagen de los migrantes abandonando Ceuta era constante. Cuando deciden marcharse, después de esa breve charla informativa, los agentes de la Policía Nacional los acompañan hasta el paso fronterizo. Allí, la Policía marroquí los registra y los monta en vehículos para trasladarlos a distintos puntos del país. El ritmo de estos retornos se ha incrementado en las últimas horas, y los agentes están encontrando colaboración fluida con la policía marroquí. Desde el Ministerio del Interior descartan cualquier presión en estas salidas, enmarcándolas en el contexto de la crisis y en la necesidad de contar con una estructura policial para comenzar los triajes sin demorar el paso por las dependencias policiales.
Citações Notáveis
Se les informa de que lo más probable es que, a no ser que cumplan los requisitos, no se les conceda esa orden de protección internacional y, por lo tanto, se les incoará un expediente de expulsión y eso lleva aparejado una prohibición de entrada por un tiempo, puede ser de tres años, de cinco y hasta de diez años— Fuentes policiales
Descartamos cualquier presión— Fuentes del Ministerio del Interior