El sistema incrementa sus números rojos en 4.000 millones cada año
Durante décadas, el sistema de pensiones español fue un pilar de estabilidad financiera; hoy, ese mismo sistema acumula un déficit de casi 70.000 millones de euros, y lo hace en el mejor momento posible: con empleo récord y crecimiento económico. Lo que los números de Fedea revelan no es una crisis coyuntural, sino una transformación demográfica irreversible: la generación del baby-boom abandona el trabajo y comienza a cobrar, y ningún ciclo económico favorable puede detener esa marea. La pregunta ya no es si el sistema es sostenible tal como está, sino cuánto tiempo y cuánto dinero público se necesitarán para sostener sus promesas.
- El déficit real del sistema de pensiones alcanzó los 69.783 millones de euros en 2025, casi 4.000 millones más que el año anterior, a pesar del récord histórico de afiliación a la Seguridad Social.
- Hace apenas dos décadas el saldo era positivo en 10.000 millones; el deterioro acumulado en términos constantes supera ya los 80.000 millones, una caída sin precedentes en la historia reciente del sistema.
- La jubilación masiva del baby-boom acaba de comenzar: cada nuevo jubilado reduce los ingresos por cotizaciones y eleva el gasto simultáneamente, convirtiendo el deterioro en un proceso casi automático.
- Una recesión económica, partiendo de este déficit inicial, podría llevar el agujero a cerca de 100.000 millones antes de 2030, sin que existan soluciones estructurales en el horizonte político inmediato.
- El Estado cubre la brecha con transferencias crecientes del presupuesto general, lo que significa que millones de contribuyentes financian indirectamente unas pensiones cuya sostenibilidad nadie en el Gobierno ha explicado con claridad.
Cada año, el economista Ángel de la Fuente publica en Fedea un análisis que prescinde del ruido político: cuánto gasta el Estado en jubilaciones, incapacidad y prestaciones sociales vinculadas, y cuánto recauda en cotizaciones para cubrirlo. La diferencia es el déficit real del sistema. En 2025, esa diferencia alcanzó los 69.783 millones de euros negativos.
Los números son contundentes: el Estado ingresó 188.162 millones en cotizaciones y fuentes asociadas, pero gastó 257.945 millones entre pensiones de jubilación, Ingreso Mínimo Vital, incapacidad temporal y complementos de mínimos. Lo que hace especialmente inquietante este resultado no es su magnitud, sino el contexto en que se produce: un año de crecimiento económico y de afiliación récord a la Seguridad Social. Ni el empleo ni la actividad han conseguido frenar el deterioro, que empeoró casi 4.000 millones respecto a 2024.
El contraste con el pasado es brutal. En 2005 y 2006, ese mismo saldo era positivo en torno a 10.000 millones. El cambio de signo responde a una causa estructural y no coyuntural: la generación del baby-boom, que durante décadas cotizó y sostuvo el sistema, ha comenzado a jubilarse en masa. Cada retiro reduce los ingresos y eleva el gasto de forma simultánea, en una ecuación que se vuelve más desfavorable cada mes.
La verdadera prueba de estrés llegará con la próxima recesión. Entre 2009 y 2016, las cotizaciones se desplomaron mientras el gasto en pensiones siguió creciendo. Entonces el sistema partía de superávit; ahora partiría de un agujero de 70.000 millones. Mantener el ritmo actual de deterioro llevaría el déficit a casi 100.000 millones antes de 2030, y una crisis económica aceleraría ese proceso de forma dramática. Los números no dejan espacio para el optimismo: el sistema necesita cada vez más dinero del presupuesto general, y la ola demográfica apenas ha comenzado.
Los números que publica cada año Ángel de la Fuente en Fedea tienen la virtud de cortar a través del ruido político que rodea las pensiones españolas. No se trata de discusiones sobre transferencias estatales, préstamos o la naturaleza de la hucha de pensiones. De la Fuente va directo a lo esencial: qué ha prometido gastar el Estado en jubilación, incapacidad y necesidad económica, y cuánto recauda en realidad a través de las cotizaciones destinadas a cubrirlo. La diferencia es el déficit real del sistema, el agujero que hay que llenar con impuestos o recortando de otras partidas del presupuesto.
Los datos de 2025 pintan un cuadro sombrío. El Estado recaudó 188.162 millones en cotizaciones y otras fuentes, pero gastó 257.945 millones en pensiones de jubilación, Ingreso Mínimo Vital, incapacidad temporal y complementos de mínimos. El saldo básico resultante fue de menos 69.783 millones de euros. Para ponerlo en perspectiva: hace dos décadas, en 2005 y 2006, ese mismo saldo era positivo en torno a 10.000 millones. El deterioro es de casi 80.000 millones en términos constantes.
Lo más inquietante no es que el agujero sea grande, sino que crece de forma sistemática. En 2025, el déficit empeoró casi 4.000 millones respecto al año anterior. Esto ocurrió en un contexto de crecimiento económico y de un récord histórico de afiliación a la Seguridad Social, cifras que el Gobierno subraya con orgullo. Sin embargo, ni el empleo ni la actividad económica han conseguido frenar el deterioro. El sistema pierde casi 4.000 millones de euros cada año, como si fuera un proceso automático, inevitable.
La razón es demográfica. Hace dos décadas, la generación del baby-boom aún estaba en edad laboral, cotizando. Ahora comienza a jubilarse en masa. Los próximos años no serán los de mejor suma-resta demográfico, sino todo lo contrario. Cada jubilado que se retira reduce los ingresos por cotizaciones mientras aumenta el gasto en pensiones. Es una ecuación que se vuelve más desfavorable cada mes que pasa.
La pregunta que flota sobre estos números es qué ocurrirá cuando llegue una recesión. Entre 2009 y 2016, las cotizaciones se desplomaron mientras los gastos en pensiones siguieron creciendo. No fue un escenario excepcional, sino una consecuencia lógica de la crisis. Si eso volviera a suceder, pero esta vez partiendo de un déficit inicial de menos 70.000 millones en lugar de un superávit de 10.000 millones, el impacto sería catastrófico. Mantener un déficit adicional de 5.000 millones anuales en condiciones normales llevaría el agujero a casi 100.000 millones antes de 2030. Un parón del crecimiento aceleraría ese proceso de forma dramática.
No hay soluciones fáciles a la vista. El sistema está atrapado en una dinámica que empeora incluso cuando todo funciona bien en el resto de la economía. Los números de De la Fuente no dejan espacio para el optimismo. Muestran un sistema que necesita cada vez más dinero del presupuesto general del Estado para mantener sus promesas, dinero que tiene que salir de algún lado. Y mientras tanto, la ola demográfica del baby-boom apenas está comenzando.
Notable Quotes
El saldo básico negativo se incrementó casi 4.000 millones de euros en 2025, en un año de crecimiento y creación de empleo— Análisis de Ángel de la Fuente (Fedea)
Si mantenemos un saldo negativo extra de otros cinco mil al año en una situación de normalidad, nos plantaremos cerca de los 100.000 millones antes del fin de la década— Domingo Soriano, Libertad Digital
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué estos números de De la Fuente son tan diferentes de lo que escuchamos en las noticias sobre pensiones?
Porque De la Fuente no juega con las reglas contables que usa la Seguridad Social. Esas reglas son arbitrarias, diseñadas para que el déficit parezca más pequeño. Él pregunta algo más simple: ¿cuánto prometió gastar el Estado y cuánto recauda realmente para ello?
Pero si hay empleo récord, ¿no debería mejorar la situación?
Debería, pero no lo hace. Porque aunque haya más trabajadores cotizando, hay aún más jubilados. La proporción de cotizantes por pensionista sigue cayendo. Es un problema de estructura, no de ciclo económico.
¿Cuándo empieza a notarse de verdad el problema del baby-boom?
Ahora. Justo ahora. Los primeros nacidos del baby-boom están llegando a los 65 años. Durante los próximos 15 años, millones de personas se jubilarán. El déficit de 4.000 millones anuales que vemos hoy probablemente se acelerará.
¿Y si hay una recesión?
Entonces el sistema entra en crisis. Las cotizaciones caerían mientras los gastos seguirían subiendo. Partiendo de un déficit de 70.000 millones, no hay colchón. Podrías llegar a 100.000 millones de agujero en pocos años.
¿Hay algún escenario donde esto mejore sin cambios estructurales?
No. Ni siquiera con crecimiento económico mejora. El déficit crece cada año casi como un reloj. Eso te dice que el problema no es coyuntural, es estructural.