El Cuarteto Quiroga rinde homenaje a Arriaga en el bicentenario del compositor bilbaíno

Juan Crisóstomo de Arriaga murió de tuberculosis a los 19 años en París, truncando una carrera excepcional que habría podido transformar la música española del siglo XIX.
Arriaga solo se parece a Arriaga
La síntesis única de Arriaga entre tradiciones europeas e ibéricas creó un lenguaje inconfundible que desafía toda categorización.
Mark

¿Por qué esperar veinte años para grabar estos cuartetos si ya los interpretaban desde 2004?

Mimi

Porque la música no es solo notas en una página. Necesitábamos vivirla, compararla con Haydn y Mozart, entender realmente qué hacía a Arriaga diferente. La grabación tenía que ser una revelación, no un documento.

Mark

¿Qué encontraron al final que no habían visto antes?

Mimi

Que Arriaga no era un imitador precoz. Su música sintetiza tradiciones sin sonar a ninguna de ellas. Es como si hubiera absorbido todo lo que pasaba en Europa y lo hubiera transformado en algo completamente suyo.

Mark

¿Por qué las cuerdas de tripa fueron tan importantes para esta grabación?

Mimi

Porque la música de Arriaga tiene una fragilidad que los instrumentos modernos no capturan bien. Las cuerdas de tripa son más cálidas, más humanas, más cercanas. Recrean el sonido que él habría escuchado.

Mark

¿Creen que Arriaga habría llegado a ser más importante que Mozart si hubiera vivido?

Mimi

Es imposible saberlo. Pero lo que sí sabemos es que a los diecinueve años ya hacía cosas que Haydn tardó décadas en dominar. Eso no es precocidad ordinaria. Eso es genio.

Mark

¿Qué significa confrontar a Arriaga con Mozart en Salzburgo?

Mimi

Significa dejar de verlo como una curiosidad española y reconocerlo como lo que fue: un compositor de primer orden europeo. No es un ajuste de cuentas, es justicia histórica.

  • Arriaga murió a los diecinueve años dejando una obra que rivalizaba técnicamente con Haydn y superaba en audacia a Schubert, pero dos siglos después su nombre sigue ausente del canon europeo.
  • El Cuarteto Quiroga asume el riesgo de grabar con cuerdas de tripa —más frágiles, más cálidas— para acercarse a la sonoridad rugosa y humana que la música de Arriaga parece exigir.
  • La gira europea del Quiroga lleva los cuartetos a la Quincena Musical de San Sebastián, al Festival Internacional de Santander y, como desafío simbólico, a la Mozartwoche de Salzburgo en enero.
  • En Salzburgo, el Quiroga enfrentará directamente el cuarteto en Mi bemol de Arriaga con su equivalente mozartiano, buscando desmontar el tópico del 'Mozart español' y afirmar que Arriaga solo se parece a sí mismo.
  • La incógnita permanece abierta: los tres cuartetos conocidos podrían haber sido solo la mitad de un proyecto mayor, y con ellos se truncó el camino que la música española del siglo XIX nunca llegó a recorrer.

Hace doscientos años, Juan Crisóstomo de Arriaga fue enterrado en una fosa común de Montmartre con apenas diecinueve años, llevándose consigo una voz musical que no imitaba a nadie. El Cuarteto Quiroga, tras dos décadas de estudio y reflexión, publica ahora la integral de sus tres cuartetos de cuerda con cuerdas de tripa, reclamando para el compositor bilbaíno el lugar que la historia le negó. Es el gesto de quienes creen que la memoria no es nostalgia, sino justicia.

Juan Crisóstomo de Arriaga nació el mismo día que Mozart, con exactamente cincuenta años de diferencia. Como él, condensó en una vida brevísima una brillantez que desafía toda explicación. El 17 de enero de 1826, diez días antes de cumplir veinte años, fue enterrado en una fosa común del cementerio de Montmartre. Doscientos años después, su nombre sigue ausente del lugar que le corresponde en la historia musical europea.

El Cuarteto Quiroga se propone corregir esa omisión con Guts, un disco editado por Cobra Records que reúne la integral de los tres cuartetos de cuerda de Arriaga. El proyecto germinó en 2004, cuando los miembros del conjunto interpretaron uno de esos cuartetos frente a Las meninas en el Prado, pero decidieron esperar. Veinte años de contraste con la escuela vienesa les permitieron redescubrir una originalidad que el tiempo había sepultado. Cada cuarteto habla con una voz distinta: dramatismo oscuro en el primero, gesto operístico en el segundo, escrituras novedosas —variaciones enteras en pizzicato— en el tercero. A los dieciséis años, Arriaga resolvía con soltura lo que a Haydn le llevó décadas perfeccionar. 'Arriaga solo se parece a Arriaga', afirma el violinista Cibrán Sierra.

Para capturar ese sonido singular, el Quiroga se encerró tres días en una iglesia de Schiedam, en los Países Bajos, usando cuerdas de tripa: más frágiles, más rugosas, más cercanas a la calidez original de la música. El título del disco encierra esa dualidad: en inglés, guts significa tanto tripas como agallas.

La gira europea lleva los cuartetos a la Quincena Musical de San Sebastián el 24 de agosto, junto a obras de György Kurtág, y al Festival Internacional de Santander dos días después, donde se presentará también Revés, un ciclo de canciones para barítono y cuarteto basado en poemas de Jesús Ruiz Mantilla. El recorrido culminará el 27 de enero en la Mozartwoche de Salzburgo, donde el Quiroga enfrentará directamente el Mi bemol de Arriaga con su equivalente mozartiano. Sierra concibe la cita como ajuste de cuentas con el tópico del 'Mozart español': lo extraordinario de Arriaga no es su precocidad, sino la personalidad inconfundible de su voz. Su muerte por tuberculosis no solo truncó una carrera excepcional; dejó abierta la incógnita de qué habría podido transformar en la música española del siglo XIX.

Juan Crisóstomo de Arriaga nació el mismo día que Mozart, separados por exactamente cincuenta años. Como el genio de Salzburgo, su trayectoria condensó la brillantez precoz y el final trágico. El 17 de enero de 1826, diez días antes de cumplir veinte años, el compositor bilbaíno fue enterrado en una fosa común del cementerio de Montmartre. Dos siglos después, su nombre sigue ausente del lugar que le corresponde en la historia de la música europea, una omisión que el Cuarteto Quiroga se propone corregir.

La reivindicación llega en forma de disco. Con Guts, editado por Cobra Records, reúne la integral de los tres cuartetos de cuerda de Arriaga, un proyecto que germinó hace más de dos décadas. En 2004, los miembros del Quiroga interpretaron el último de estos cuartetos frente a Las meninas de Velázquez en el Prado. Pero decidieron esperar. "Queríamos darle tiempo, madurez y poso antes de grabarlo", explica Helena Poggio, violonchelista del conjunto. Durante veinte años contrastaron estas obras con las grandes páginas de la escuela vienesa, redescubriendo en ellas una originalidad que el tiempo había sepultado.

Lo que emerge de ese reencuentro es un retrato de un compositor cuya imaginación desafía toda categoría. Cada cuarteto habla con una voz distinta: el primero despliega un dramatismo oscuro, el segundo adopta un gesto casi operístico, el tercero se atreve con escrituras novedosas, como variaciones enteras en pizzicato. Lo más desconcertante es la edad a la que Arriaga alcanzó semejante dominio. A los dieciséis años resolvió con una soltura inaudita lo que a Haydn, padre del género, le llevó varias décadas perfeccionar. Cibrán Sierra, violinista del Quiroga, se pregunta en su ensayo sobre el cuarteto de cuerda cómo fue posible que un joven alumno de Cherubini en París superara en aspectos técnicos y creativos al mismísimo Schubert. La respuesta apunta a una síntesis única: academicismo parisino, tradición vienesa, elementos del folclore ibérico, todo fundido en un lenguaje que no suena a nada de eso porque no imita fórmula alguna. "Arriaga solo se parece a Arriaga", dice Sierra.

Para capturar ese sonido singular, los integrantes del Quiroga se encerraron tres días en la iglesia WestVest90 de Schiedam, en los Países Bajos, junto al productor Tom Peeters. La decisión de usar cuerdas de tripa conllevaba riesgos, pero permitió recrear una sonoridad rugosa y cálida, más cercana y humana. "Hay una fragilidad ineludible en la música de Arriaga que exige una mezcla de rigor y valentía", señala Josep Puchades, violista. El título del disco captura esa dualidad: en inglés, guts significa tanto tripas como agallas.

La presentación del disco forma parte de una gira europea que atraviesa los principales festivales. El 24 de agosto, el Quiroga presentará los cuartetos en la Quincena Musical de San Sebastián, donde también interpretará obras de György Kurtág, compositor que cumplió cien años en febrero. Poggio subraya el diálogo entre tradición y contemporaneidad que define la identidad artística del conjunto: un compositor del siglo diecinueve que murió a los diecinueve años, y otro de una longevidad creativa insólita, ambos encontrando en el cuarteto un espacio de intimidad expresiva desde extremos opuestos de sus vidas.

El 26 de agosto, el Festival Internacional de Santander acogerá un programa centrado en Arriaga junto a Revés, un ciclo de cinco canciones para barítono y cuarteto basado en poemas del periodista Jesús Ruiz Mantilla. La obra, estrenada en mayo en el Auditorio Nacional de Madrid, preserva la prosodia de los versos en la línea vocal y la prolonga en los instrumentos. Puchades explica el proceso: "El compositor da forma sonora al poema y nosotros la esculpimos: pensamos qué consonante hemos de atacar, cuánto debería durar una frase o dónde estarían las comas".

La gira culminará el 27 de enero en la Mozartwoche de Salzburgo, donde el Quiroga debutará enfrentando directamente el Mi bemol de Arriaga con su equivalente mozartiano. Sierra concibe la cita como homenaje pero también como ajuste de cuentas con el tópico del Mozart español. "Lo extraordinario de Arriaga no es solo su precocidad, sino la personalidad inconfundible de su música", afirma. Su muerte por tuberculosis no solo truncó una carrera excepcional: dejó abierta la incógnita de qué habría sido capaz de lograr. Es posible incluso que los tres cuartetos que conocemos fueran solo la mitad de un proyecto mayor, un cuaderno de seis siguiendo la tradición inaugurada por Haydn. La música española del siglo diecinueve podría haber tomado un camino completamente distinto.

Han pasado dos siglos y Arriaga sigue sin ocupar el lugar que merece en el canon de la música europea
— Cibrán Sierra, violinista del Cuarteto Quiroga
Su muerte por tuberculosis no solo truncó una carrera excepcional: dejó abierta la incógnita de si la música española del siglo XIX habría podido desarrollar antes una tradición sinfónica y camerística equiparable a la europea
— Helena Poggio, violonchelista del Cuarteto Quiroga
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