En el cruce entre el poder y la palabra, Diego Gvirtz recuerda cómo la presencia de Beatriz Sarlo en el programa 678 —llegada para cuestionar, no para validar— se convirtió paradójicamente en su episodio más valioso. Lo que parecía una confrontación incómoda reveló, con el paso del tiempo, las tensiones más profundas entre la independencia intelectual y el control gubernamental que operaba en silencio detrás de cámaras. La anécdota no es solo un recuerdo televisivo: es un espejo de las contradicciones que habitan todo proyecto mediático que sirve a dos amos a la vez.