El que prueba la pipa ya no la deja
En A Coruña, la forma en que una ciudad consume sus sombras está cambiando más rápido que las políticas diseñadas para contenerlas. La Asociación Ciudadana de Lucha Contra la Droga revela que el crack —cocaína transformada en cristal, con efectos más breves pero devastadoramente más intensos— ha pasado de representar el 34% al 40,1% del consumo en apenas dos años, desplazando al esnifado tradicional. Este desplazamiento no habla de nuevos adictos, sino de veteranos que llevan décadas consumiendo y que buscan en la pipa lo que la cocaína ya no les da. Es la historia antigua de la escalada: el cuerpo humano, siempre insatisfecho, empujando hacia el abismo siguiente.
- El crack avanza con una velocidad que alarma a quienes trabajan en primera línea: seis puntos porcentuales ganados en veinticuatro meses, y la tendencia no muestra señales de detenerse.
- La brevedad del subidón —apenas cinco minutos— es su trampa más cruel: el cuerpo exige repetición casi de inmediato, instalando la adicción con una rapidez que la cocaína esnifada no alcanza.
- El fenómeno golpea especialmente a consumidores veteranos, muchos iniciados entre los 14 y 17 años, que después de más de once años buscando intensidad han encontrado en la pipa una frontera difícil de cruzar de vuelta.
- La demanda de servicios de desintoxicación creció un 17% en 2025, con 740 casos anuales en Aclad y más de mil primeras consultas psiquiátricas en el Chuac, señales de que más personas reconocen que necesitan ayuda.
- Desde Aclad advierten con claridad: 'El que prueba la pipa ya no la deja', y anticipan que cuando se presente la memoria de 2026, el desplazamiento hacia el crack será aún más pronunciado.
A Coruña no está viendo más droga en sus calles, sino una droga que se consume de manera diferente y más peligrosa. La Asociación Ciudadana de Lucha Contra la Droga presentó su memoria de 2025 con un dato que resume el cambio: el consumo fumado de crack ha pasado del 34% al 40,1% en dos años, mientras el esnifado cae al 50,9%. Mayte Lage, psicóloga clínica de la Unidad de Día de Aclad, lleva más de un año advirtiendo esta migración.
El crack es cocaína procesada con bicarbonato sódico que se fuma en pipa. Su subidón dura apenas cinco minutos, pero esa brevedad es precisamente su mayor peligro: el cuerpo busca recuperar esa sensación casi de inmediato, y la adicción se instala con una velocidad que la cocaína esnifada no logra. Lage estima que alrededor del 20% de quienes acuden a desintoxicarse ya están fumando la droga.
El perfil de quien hace este tránsito es revelador: el 68,6% de los nuevos usuarios de la Unidad de Día lleva más de once años consumiendo. La mayoría se inició entre los catorce y los diecisiete años. Son personas que han estado décadas en el mundo de las drogas y que ahora buscan un efecto que la cocaína ya no les proporciona. La pipa les ofrece esa intensidad, pero a un precio mucho más alto.
Los números de asistencia reflejan la presión creciente sobre los servicios. Aclad atendió 740 casos nuevos en 2025, un 17% más que el año anterior. El Chuac registró más de mil primeras consultas psiquiátricas relacionadas con drogodependencias. El número de mujeres que busca ayuda también creció notablemente, del 18% al 34%, aunque Lage atribuye este aumento en parte a nuevos grupos de apoyo orientados específicamente a ellas.
Desde Aclad no guardan optimismo fácil: anticipan que cuando presenten la memoria de 2026, el crack habrá consolidado aún más su presencia. Lo que está ocurriendo en la ciudad es un recordatorio de cómo las adicciones evolucionan, siempre buscando la siguiente frontera, y de cuánto esfuerzo exige seguirles el paso.
A Coruña está presenciando un cambio inquietante en cómo sus consumidores de drogas se relacionan con sus sustancias. No es que haya más droga en las calles, sino que la forma de consumirla está transformándose de manera radical. La Asociación Ciudadana de Lucha Contra la Droga presentó recientemente su memoria del año 2025, y el dato más revelador no habla de nuevas sustancias, sino de un desplazamiento en las prácticas: el crack está ganando terreno al esnifado tradicional.
Hace apenas dos años, el consumo fumado representaba el 34% de toda la droga que se consumía en la ciudad. Hoy, ese porcentaje ha saltado al 40,1%, mientras que la vía esnifada ha caído al 50,9%. Es un cambio de seis puntos porcentuales en veinticuatro meses, una velocidad de transformación que preocupa a quienes trabajan en primera línea de la asistencia. Mayte Lage, psicóloga clínica responsable de la Unidad de Día de Aclad, comenzó a advertir este fenómeno ya en abril del año anterior: los consumidores de cocaína estaban migrando hacia el crack, una forma procesada de la misma sustancia que produce efectos mucho más intensos y mucho más cortos.
El crack es cocaína que ha sido "cocinada" con bicarbonato sódico o amoníaco hasta convertirse en cristal, una forma que se quema dentro de una pipa. El subidón dura apenas cinco minutos, pero es brutalmente potente. Esa brevedad es precisamente lo que lo hace tan peligroso: el cuerpo quiere recuperar esa sensación casi inmediatamente, y la adicción se instala con una rapidez que la cocaína esnifada no logra. Según las estimaciones de Lage, aproximadamente el 20% de los cocainómanos que acuden a desintoxicarse ya están fumando la droga, aunque este dato no aparece en las estadísticas oficiales.
El fenómeno se concentra principalmente entre consumidores veteranos, aquellos que llevan años en el mundo de las drogas. El 68,6% de los nuevos usuarios que llegan a la Unidad de Día tienen más de once años de consumo a sus espaldas. Muchos de ellos iniciaron su relación con las drogas entre los catorce y los diecisiete años, y casi todos, más del 85%, habían probado alguna sustancia antes de cumplir veinticinco. Son personas que han estado consumiendo durante décadas, y ahora están buscando un efecto más fuerte, una sensación que la cocaína esnifada ya no les proporciona.
Desde Aclad, donde ofrecen ayuda psicoterapéutica además de recursos formativos, ocupacionales y educativos, anticipan que este cambio se consolidará aún más cuando presenten la memoria de 2026. "El que prueba la pipa ya no la deja", advierten desde la organización. Durante 2025, la Unidad de Día recibió a 102 pacientes nuevos, de los cuales 78 eran hombres. El número de mujeres que busca ayuda ha crecido significativamente, pasando del 18% al 34% en apenas dos años, aunque Lage aclara que esto no refleja necesariamente un aumento en el consumo femenino, sino más bien la disponibilidad de nuevas actividades y grupos de apoyo orientados específicamente a las mujeres.
Los números globales de asistencia también revelan una tendencia preocupante. El área de psicología de Aclad atendió una media de 61 pacientes nuevos cada mes durante 2025, sumando 740 casos anuales. Esto representa un incremento del 17% respecto a 2024, cuando fueron 618 los casos registrados. Paralelamente, la unidad asistencial de drogodependencias del Chuac registró 1.033 primeras consultas de psiquiatría el año pasado, con 6.047 revisiones de seguimiento. El aumento en la demanda de servicios sugiere que más personas están reconociendo que necesitan ayuda, pero también que el problema está creciendo.
Lo que está sucediendo en A Coruña es un recordatorio de cómo las drogas evolucionan, cómo los consumidores buscan constantemente formas más potentes de experimentar sus sustancias, y cómo esa búsqueda los arrastra hacia adicciones cada vez más severas. El crack no es una droga nueva en el panorama mundial, pero su consolidación en la ciudad marca un punto de inflexión en la naturaleza de la crisis de drogas local. Los próximos meses dirán si esta tendencia continúa acelerándose o si los esfuerzos de prevención y tratamiento logran frenarla.
Notable Quotes
El que prueba la pipa ya no la deja— Asociación Ciudadana de Lucha Contra la Droga (Aclad)
Aproximadamente el 20% de los cocainómanos que acuden a desintoxicarse ya están fumando la droga— Mayte Lage, psicóloga clínica de Aclad
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué crees que los consumidores veteranos están cambiando al crack si ya llevan años con la cocaína?
Porque el cuerpo se acostumbra. Después de once, doce, quince años esnifando, la cocaína deja de producir ese efecto que buscaban al principio. El crack es más brutal, más rápido. Cinco minutos de intensidad extrema en lugar de una subida más lenta y sostenida.
Pero eso suena como si estuvieran buscando algo que ya no pueden encontrar.
Exactamente. Es una escalada. Cuando una sustancia deja de satisfacer, el consumidor busca algo más fuerte. Y el crack es mucho más fuerte, aunque sea la misma droga procesada de otra manera.
¿Qué significa que el 40% de la droga se fume ahora? ¿Eso quiere decir que cuatro de cada diez dosis son crack?
No exactamente. Significa que cuatro de cada diez actos de consumo implican fumar, en lugar de esnifar. Algunos de esos son crack, otros pueden ser marihuana, pero lo que ha crecido es el crack específicamente.
¿Y por qué es tan adictivo si el efecto dura solo cinco minutos?
Precisamente por eso. Dura cinco minutos, pero es tan intenso que el cuerpo lo quiere de nuevo inmediatamente. No hay meseta, no hay descenso gradual. Es un acantilado. Y cuando caes, quieres volver a subir al instante.
¿Crees que esto va a empeorar?
Aclad lo cree. Dicen que cuando presenten los datos de 2026, el fenómeno estará aún más consolidado. Y los números de gente buscando ayuda ya están subiendo un 17% año a año. Así que sí, probablemente empeore antes de mejorar.