En una época en que el sueño se ha convertido en mercancía y la melatonina se vende como si fuera un dulce inofensivo, la ciencia advierte que intervenir en el reloj biológico humano sin guía médica tiene consecuencias que van más allá del cansancio. Lo que el cuerpo produce con precisión milenaria no puede reemplazarse con una gomita de colores sin alterar el equilibrio que sostiene la vigilia y el descanso. La paradoja es profunda: en la búsqueda de libertad frente al insomnio, millones de personas construyen, sin saberlo, una nueva dependencia.