En un mundo donde la tecnología redefine el valor y la inteligencia artificial acapara los titulares, los relojes suizos de lujo revelan una verdad más antigua: la riqueza concentrada crea sus propios mercados, impermeables a los ciclos ordinarios. Estados Unidos, cuyo estrato más acomodado controla casi tres cuartas partes de la riqueza nacional, se ha convertido en el principal destino de la relojería suiza de alta gama, desplazando geografías que antes dominaban ese consumo. No es solo un dato comercial; es un espejo de cómo la desigualdad de ingresos se traduce, silenciosamente, en la arqu