El consumidor entra en 'modo control': más visitas al súper, menos pescado y más legumbres

Las familias reducen consumo de proteínas y actividades de ocio debido a que los salarios no crecen al ritmo de la inflación alimentaria, afectando especialmente a hogares con hijos.
El pescado se ha convertido en un artículo de lujo
Refleja cómo la inflación ha reconfigurado qué proteínas pueden permitirse las familias españolas.
Mark

¿Por qué el consumidor está visitando el supermercado más veces si está gastando menos dinero?

Mimi

Es una estrategia deliberada. Si vas una vez a la semana con mucho dinero, tiendes a llenar el carrito. Si vas tres veces con menos dinero cada vez, controlas mejor el gasto y evitas compras impulsivas.

Luke

Pero eso asume que el consumidor tiene tiempo para hacer tres viajes. ¿Qué pasa con quien trabaja jornadas largas o vive lejos del supermercado?

Mark

Entonces, ¿la marca blanca es realmente más barata o solo parece serlo?

Mimi

Es más barata. Representa el 47 por ciento de la cesta ahora, frente a menos antes. Los números de ventas lo confirman.

Luke

Pero el artículo no dice cuánto más barata es. ¿Un 5 por ciento? ¿Un 30 por ciento? Eso importa para entender si es una sustitución real o un cambio marginal.

Mark

¿Por qué el pescado se ha convertido en un lujo cuando antes era proteína básica?

Mimi

Porque subió un 35 por ciento en cinco años, y cuando algo sube más que otras opciones, la gente lo abandona. El bacalao cayó un 34 por ciento en demanda cuando subió un 10,9 por ciento.

Luke

Eso es correlación, no causalidad. ¿Hay otros factores? ¿Cambios en la disponibilidad? ¿Preferencias generacionales?

Mark

¿Volverán los precios a bajar alguna vez?

Mimi

No, según los expertos. Hemos dejado atrás el pico inflacionario, pero no entraremos en una era de alimentos baratos.

Luke

Eso es una predicción, no un hecho. Se basa en que los conflictos internacionales continúen y las regulaciones medioambientales sigan presionando. Si eso cambia, todo cambia.

  • Los alimentos subieron 35% desde 2021, el doble del índice general
  • Los huevos subieron 84%, la carne de vacuno 60%, el pescado 35%
  • La marca blanca representa ahora el 47% de la cesta de la compra
  • El bacalao registró una caída de demanda del 34% cuando su precio subió 10,9%
  • La inflación alimentaria se moderó al 2,3% en agosto, pero los frescos subieron entre 7,8% y 15,9%

Los huevos subieron 84%, la carne de vacuno 60% y el pescado 35% en cinco años, mientras la inflación alimentaria acumulada duplica el índice general. Los consumidores adoptan estrategias de ahorro: compran marca blanca (47% de la cesta), visitan más tiendas buscando ofertas y abandonan categorías de lujo como el pescado.

Los alimentos se han encarecido un 35% desde 2021, obligando a los hogares españoles a modificar sus hábitos de compra: más visitas al súper con cestas pequeñas, sustitución de marcas y cambio hacia legumbres y pollo en detrimento de pescado y carnes caras.

Tania Avendaño empuja un carrito de compras casi vacío entre los pasillos del supermercado. El arroz, el aceite, los productos del día a día: todo cuesta más de lo que puede permitirse. Ha reconfigurado su menú completo, intercambiando el atún que le encanta por legumbres más baratas. Metros más allá, Queisha Kawas negocia con el carnicero para que le quite un pedazo de carne porque el precio que acaba de escuchar es insoportable. Ambas mujeres encarnan el estado mental en el que vive ahora el consumidor español: en modo control, vigilante, calculador.

Los números explican por qué. Desde 2021, los alimentos han subido un 35 por ciento, según el Instituto Nacional de Estadística. Es una cifra que duplica el crecimiento del índice general de precios. Los huevos se han encarecido un 84 por ciento en cinco años. La carne de vacuno, un 60 por ciento. El pescado, un 35 por ciento. La leche entera, el café, el chocolate, las patatas: todos cuestan al menos un 40 por ciento más que hace cinco años, cuando la inflación comenzó a despertar tras años de precios congelados. Kawas lo resume con precisión: no es que notes el problema producto a producto. Te golpea cuando llegas a la caja.

La respuesta de los hogares ha sido sistemática y medible. Visitan el supermercado más veces, pero compran menos en cada viaje, una táctica que sirve para dos propósitos: evitar la tentación de llenar el carrito y mantener el gasto bajo control conforme avanzan las semanas. La marca blanca ahora representa el 47 por ciento de la cesta de la compra. Los consumidores saltan entre tiendas buscando ofertas, y casi el 60 por ciento de las compras ocurren fuera del establecimiento habitual. Cadenas como Aldi y Lidl han ganado cuota de mercado de forma agresiva. Bernardo Rodilla, director de negocio de distribución en la consultora Worldpanel, describe una hipersensibilidad elevada: el consumidor está cauteloso, consciente de cada elección en el lineal.

Pero hay un cambio más profundo en lo que la gente come. Cuando la carne de vacuno subió un 13,6 por ciento el año pasado, su consumo cayó un 3,5 por ciento. El bacalao se encareció un 10,9 por ciento y su compra se desplomó un 34 por ciento. El pescado se ha convertido en un artículo de lujo, según Enrique García, portavoz de la Organización de Consumidores y Usuarios. Las legumbres y el pollo, cuyo encarecimiento fue más moderado, experimentaron aumentos de demanda del 3 y el 5,5 por ciento respectivamente. En los mercados de Madrid, los vendedores reportan que los clientes piden cortes más baratos de ternera en lugar de los caros. Los restaurantes han reescrito sus menús: el típico filete de ternera a la plancha ha sido reemplazado por opciones más económicas. Los menús completos por diez euros ya son prácticamente inexistentes, y el secretario general de Hostelería de España sostiene que no volverán.

La presión no es solo sobre qué comprar, sino sobre cuánto se puede vivir. Kawas y su novio trabajan ambos y pueden permitirse una alimentación basada en productos frescos, pero se preguntan hasta cuándo. El agobio real llega cuando piensan en tener un hijo. Las familias están reduciendo el consumo de proteínas y saliendo menos de ocio porque los salarios no suben al ritmo de la inflación alimentaria. La confianza del consumidor aún no ha recuperado los niveles anteriores a la pandemia. La cesta de la compra es una parte importante del presupuesto, pero no es todo: está la vivienda, el carburante, hay que hacer malabares.

La inflación alimentaria se moderó al 2,3 por ciento interanual en agosto, frente a un índice general que alcanzó el 4,3 por ciento. Pero esa cifra oculta realidades más duras. Los frescos registraron subidas muy superiores: pescado al 7,8 por ciento, vacuno al 9,4 por ciento, huevos al 12,5 por ciento, legumbres al 15,9 por ciento. Estas subidas se suman a años anteriores de fuertes incrementos. José Antonio Vega Vidal, profesor de Economía en la Universidad Pontificia Comillas, señala que la inflación mide la velocidad a la que suben los precios, pero el coste real del carrito refleja el nivel de precios acumulado: el consumidor compra productos cuyos precios ya incorporan varios años de subidas fuertes.

Los factores detrás de este encarecimiento son múltiples. Los conflictos armados en Ucrania y Oriente Próximo han disparado los costes energéticos. La meteorología, los aranceles, las nuevas regulaciones medioambientales como la de envases o la que obliga a reducir el tamaño de las cabañas ganaderas, todo presiona hacia arriba. La patronal Asedas, que representa el 75 por ciento de la distribución alimentaria en España, cuantificó que la crisis energética ya ha supuesto un sobrecoste de 110 millones de euros para los supermercados desde el inicio de la guerra en Oriente Próximo. El sector fue acusado de inflar márgenes durante la espiral de precios de 2022 y 2023, una crítica que rechaza.

Las perspectivas no son alentadoras. Los expertos advierten que suelen pasar de seis a nueve meses entre la subida de la materia prima y la decisión de los distribuidores de subir los precios. Los conflictos internacionales que alimentan la espiral inflacionaria están lejos de resolverse. No se esperan subidas tan intensas como las de 2022 y 2023, pero los precios tampoco retrocederán. Probablemente hemos dejado atrás el gran pico inflacionario, pero no hemos entrado en una era de alimentos baratos.

Está todo muy, muy caro. Lo noto sobre todo en el arroz, el aceite… cosas de todos los días
— Tania Avendaño, consumidora
El consumidor compra productos cuyos precios ya incorporan varios años de fuertes subidas
— José Antonio Vega Vidal, profesor de Economía, Universidad Pontificia Comillas
El pescado se ha convertido en un artículo de lujo
— Enrique García, portavoz de la Organización de Consumidores y Usuarios
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