En un momento de tensión diplomática entre España y Marruecos, el organismo oficial encargado de tomar el pulso a la ciudadanía midió opiniones sobre soberanía y fronteras, pero guardó silencio sobre la pregunta más incómoda: si el Gobierno supo estar a la altura. Esa omisión, en una institución cuya razón de ser es iluminar el debate público, no pasa desapercibida. Lo que una encuesta decide no preguntar revela, a veces, tanto como lo que sí pregunta.