En la madrugada del 31 de agosto, una ciudad china contempló un cielo teñido de rosa y rojo que, lejos de ser un simple regalo visual, era el preludio silencioso de una tormenta severa. La física de la luz al amanecer —ese flujo rojo que atraviesa la atmósfera en ángulos bajos— pintó el horizonte con una belleza que veinte minutos después se transformó en precipitaciones de hasta 150 milímetros y calles anegadas. El evento recuerda que la naturaleza a menudo anuncia sus intenciones con esplendor antes de mostrar su fuerza, y que los sistemas de alerta temprana existen precisamente para traduci
El cielo rosado que precedió a la tormenta: la explicación científica del fenómeno
Los anegamientos urbanos causados por la saturación de sistemas de drenaje afectaron a sectores específicos de la ciudad.