El cerebro humano no fue forjado para la paz, sino para la supervivencia: una distinción que el psicólogo Charlie Heriot-Maitland coloca en el centro de su trabajo sobre el autosabotaje. Lo que llamamos procrastinación, perfeccionismo o autocrítica no son fallas del carácter, sino herencias de un sistema de alarma que premió a los más ansiosos a lo largo de milenios de evolución. En el mundo moderno, ese mismo sistema sigue operando con fidelidad absoluta a su diseño original, aunque ya no existan los tigres que justificaron su existencia.