Durante siglos, la música ha sido intuida como un entrenamiento del alma; ahora la neurociencia australiana confirma que también es un entrenamiento del cerebro en su forma más concreta. Un equipo de tres universidades documentó que los músicos aprenden secuencias de movimiento con mayor rapidez y anticipan mejor lo que viene, no porque sean inmunes al olvido, sino porque sus cerebros han aprendido a leer la estructura de los patrones. El hallazgo, sin embargo, trae una advertencia igualmente valiosa: incluso esa mente entrenada puede ser desestabilizada por la simple observación de informació