Tras dos años y medio de instrucción, el juez Peinado firmó su último acto judicial antes de jubilarse: enviar a Begoña Gómez, esposa del presidente Sánchez, a juicio oral por tráfico de influencias y malversación. Con ese gesto, el caso abandona al magistrado que lo protagonizó y entra en una nueva fase institucional, más silenciosa pero igualmente cargada de consecuencias políticas y jurídicas. La historia democrática española se adentra en un territorio sin precedentes, donde un tribunal colegiado y un jurado popular deberán encontrar la verdad que la instrucción dejó abierta.