En el verano de 2010, el estreno multijugador de Red Dead Redemption no fue un triunfo sino un espejo roto: gallinas gigantes, ancianas que desafiaban la gravedad y una lógica de juego completamente derrumbada. Lo que parecía un ataque externo era, en realidad, una falla interna tan improbable que nadie la había imaginado. Rockstar respondió con ingenio y urgencia, colando un parche de emergencia por un resquicio técnico del sistema antes de que el caos se volviera permanente.