En las profundidades del océano, el canto de una ballena ha revelado algo que desafía la intuición sin romper las leyes del universo: el sonido puede parecer viajar a velocidad supersónica sin que ninguna información real cruce ese umbral prohibido. El oceanógrafo John Spiesberger, de la Universidad de Pensilvania, descubrió que la interferencia entre ondas directas y reflejadas altera el tiempo aparente de llegada de la señal, produciendo velocidades calculadas de hasta 3.000 metros por segundo. Einstein permanece intacto: la ilusión de velocidad no es velocidad real, y la causalidad, esa col