El Canal de Suez, herida abierta en el mapa del comercio global, vuelve a sangrar. Los rebeldes hutíes han tomado posiciones en el estrecho de Bab el Mandeb y forzado el cierre del oleoducto saudí Este-Oeste, interrumpiendo una recuperación que apenas comenzaba a consolidarse. Egipto, cuya economía respira al ritmo de las tasas de tránsito, observa cómo su neutralidad diplomática y sus ingresos se estrechan al mismo tiempo. Una vez más, la geografía y la guerra se alían para recordarnos cuán frágiles son las arterias que sostienen el intercambio humano.