Doce tenistas cruzaron medio mundo en cuatro días, de Londres a Asia, con el cuerpo aún atrapado en otra zona horaria y el esfuerzo de la Laver Cup sin digerir. Seis de ellos cayeron en las primeras rondas de Tokio y Pekín, no por falta de talento, sino por las exigencias de un calendario que acumula 63 torneos en 52 semanas sin contemplar la fragilidad humana. Lo ocurrido en Asia no es una anomalía: es el síntoma más visible de un sistema donde todos los actores —organismos, torneos, jugadores— persiguen sus propios intereses mientras el cuerpo de los deportistas paga la cuenta.
El calendario del tenis vuelve a cobrar víctimas en Asia tras la Laver Cup
Es imposible jugarlos todos, pero todos siguen buscando más
¿Por qué seis tenistas de la Laver Cup cayeron tan rápido en Tokio y Pekín? Parece una coincidencia extraña.
No es coincidencia. Viajaron desde Londres sin descanso, con cambios horarios de hasta siete horas. Sus cuerpos no estaban listos para competir.
Pero otros también llegaron cansados y ganaron. Alcaraz venció a Michelsen. ¿Cuánto de eso fue el viaje y cuánto fue simplemente que Michelsen jugó mal?
Es verdad que no todos cayeron. Pero Alcaraz mismo dijo que la aclimatación fue difícil, que las condiciones al aire libre en Tokio eran distintas a Londres cubierto.
Entonces el problema es más grande que una semana. ¿Cuál es el calendario real que están jugando?
La ATP programa 63 eventos en 52 semanas. Los jugadores compiten aproximadamente 40 semanas al año sin descanso real.
Espera. ¿Eso significa que hay 12 semanas libres? ¿No pueden descansar en esas?
En teoría sí. Pero muchos torneos son obligatorios. Y los jugadores que quieren ganar dinero no pueden rechazar los opcionales como la Laver Cup, que no da puntos pero sí paga bien.
Entonces Alcaraz tiene razón cuando dice que es imposible jugarlos todos.
Exactamente. Él mismo ha dicho que en el futuro hará parones de uno o dos meses, perdiéndose torneos, porque no hay otra forma.
Pero aquí está lo interesante: si Alcaraz puede elegir, ¿por qué no lo hace ahora? ¿Por qué va a la Laver Cup si sabe que le deja sin tiempo para recuperarse?
Porque el dinero es real. La Laver Cup paga. Y si eres una estrella, los torneos te quieren. Tienes poder de negociación que otros no tienen.
Entonces los que sufren más son los jugadores más modestos.
Sí. Ellos no pueden rechazar nada. Tienen que jugar todo lo que puedan para ganar dinero y puntos.
Il Polso
- Seis participantes de la Laver Cup fueron eliminados en los primeros días de los torneos asiáticos, víctimas del agotamiento y el desfase horario de hasta siete horas tras vuelos intercontinentales de catorce horas.
- El calendario de la ATP acumula 63 eventos en 52 semanas, obligando a los jugadores a competir cerca de 40 semanas al año sin márgenes reales de recuperación.
- Carlos Alcaraz advirtió públicamente que el sistema es insostenible: prometió tomarse pausas voluntarias en el futuro y alertó de que las lesiones seguirán multiplicándose si nada cambia.
- Los torneos se solapan sin respiro —Tokio y Pekín terminan un martes y el Masters de Shanghái comienza al día siguiente—, borrando cualquier frontera entre competencias y agotando a quienes las hacen posibles.
- Mientras jugadores, organismos y torneos protestan por el exceso, todos siguen negociando para obtener más: más dinero, más poder, más fechas, sin que nadie quiera ceder terreno.
Doce tenistas cruzaron medio mundo en cuatro días, de Londres a Asia, con el cuerpo aún atrapado en otra zona horaria y el esfuerzo de la Laver Cup sin digerir. Seis de ellos cayeron en las primeras rondas de Tokio y Pekín, no por falta de talento, sino por las exigencias de un calendario que acumula 63 torneos en 52 semanas sin contemplar la fragilidad humana. Lo ocurrido en Asia no es una anomalía: es el síntoma más visible de un sistema donde todos los actores —organismos, torneos, jugadores— persiguen sus propios intereses mientras el cuerpo de los deportistas paga la cuenta.
Cuatro días fue todo el margen que tuvieron doce tenistas para viajar desde Londres hasta Asia tras competir en la Laver Cup. Algunos volaron a Pekín, otros a Tokio, en trayectos de entre diez y catorce horas. Cuando aterrizaron, sus relojes biológicos llevaban un retraso de seis o siete horas respecto a la hora local. No hubo tiempo para recuperarse ni para aclimatarse.
El jueves, seis de esos doce ya habían sido eliminados: Jódar, Fritz, Ruud, Nakashima, Cobolli y Tien cayeron en las primeras rondas. Los dos suplentes también. Alcaraz sobrevivió gracias a su talento y a los errores de su rival en los momentos decisivos, aunque reconoció que la llegada tardía desde Londres había complicado su preparación. Zverev sufrió. Cerúndolo tuvo que remontar. La mayoría de quienes venían de Europa con el cuerpo en otra zona horaria no lo lograron.
Pero el problema va mucho más allá de una semana difícil. La ATP programa 63 eventos en 52 semanas del año: nueve Masters 1000, dieciséis torneos 500, veintinueve de 250, más la Copa de Maestros, la Laver Cup, la Copa Davis y los cuatro Grand Slams. Los jugadores compiten aproximadamente 40 semanas al año. Los torneos se solapan: algunos comienzan antes de que otros hayan terminado. Tokio y Pekín concluyen un martes; el Masters de Shanghái arranca al día siguiente.
Alcaraz lo dijo sin rodeos durante el US Open: el calendario tiene que cambiar. Anunció que en el futuro se tomará pausas de uno o dos meses, perdiendo torneos voluntariamente, porque competir en todas las citas obligatorias es, en sus propias palabras, imposible. Advirtió que si nada cambia, habrá más lesiones y más jugadores compitiendo agotados.
El caso de Davidovich ilustra el absurdo: disputó la final de Chengdú un martes y dos días después ya intentaba jugar en Japón, con un vuelo de cinco horas en medio y una aclimatación imposible. El sistema funciona, pero a un coste que nadie quiere reconocer abiertamente: el desgaste físico de quienes lo sostienen. Todos protestan. Y todos siguen pidiendo más.
Cuatro días. Ese fue el margen que tuvieron doce tenistas para viajar desde Londres hasta Asia después de competir en la Laver Cup. Carlos Alcaraz, Rafael Jódar y diez colegas más —contando a los dos suplentes que también participaron— abandonaron el O2 de la capital británica prácticamente sin pausa. Algunos se dirigieron a Pekín, otros a Tokio. Los vuelos duraban entre diez y catorce horas. Cuando aterrizaron el martes, sus cuerpos llevaban el peso de la competencia reciente y sus relojes biológicos estaban desfasados entre seis y siete horas respecto a la hora local. No había tiempo para recuperarse, para dormir de verdad, para que el cuerpo se acostumbrara a nada.
El jueves, seis de esos doce participantes ya habían desaparecido de los cuadros: Jódar, Taylor Fritz, Casper Ruud, Brandon Nakashima, Flavio Cobolli y Learner Tien fueron eliminados. Los dos suplentes, Arthur Fery e Ignacio Buse, también cayeron. Alcaraz sobrevivió gracias a su talento y a los errores de Alex Michelsen en los momentos decisivos (7-6(1), 4-6, 6-1). Alexander Zverev sufrió contra Cameron Norrie (7-6(1), 6-4). Francisco Cerúndolo tuvo que remontar ante Botic van de Zandschulp (5-7, 6-3, 6-3). Otros avanzaron, pero la mayoría de quienes llegaban desde Europa con el cuerpo aún en otra zona horaria no lo lograron.
Alcaraz, de veintitrés años, explicó el viernes que la llegada tardía desde la Laver Cup había sido complicada. La aclimatación no fue fácil. Las condiciones también jugaron en su contra: en Londres había jugado bajo techo; en Tokio, al aire libre, todo era distinto. El murciano aspira a defender el título en la capital japonesa, algo que no se conseguía desde que Pete Sampras lo hiciera entre 1993 y 1994. Jaume Munar, por su parte, excusaba parcialmente la derrota de Fritz (6-7(7), 6-4, 6-3) señalando que el norteamericano también "venía desde Europa y no es fácil asimilar el cambio".
Pero esto no es un problema aislado de una semana. Es el síntoma de un sistema que nadie parece capaz de arreglar. La ATP programa 63 eventos anuales distribuidos en 52 semanas del año: nueve torneos Masters 1000, dieciséis de categoría 500, veintinueve de 250, más la Copa de Maestros, las Next Gen ATP Finals, la United Cup, la Laver Cup y la Copa Davis, además de los cuatro Grand Slams. La WTA, con cincuenta y seis eventos, no está mucho mejor. Los jugadores están obligados a competir aproximadamente cuarenta semanas al año. Todos los actores —organismos internacionales, torneos, jugadores— buscan maximizar sus beneficios. Los torneos quieren más dinero. Los jugadores quieren más dólares. Los organismos quieren mantener su poder. Nadie quiere ceder.
Alcaraz ha sido claro al respecto. En Nueva York, durante el US Open donde cayó en cuartos de final, explicó que el calendario "tiene que cambiar". Dijo que jugaría menos, que no habría tantos torneos seguidos, semana tras semana. Luego fue más específico: "He tenido un parón más largo de lo que quería, siendo sincero. No quería tener este descanso por una lesión en la muñeca, pero viendo lo apretado que está el calendario, en el futuro haré algunos parones largos; quizá no cuatro meses, pero sí uno o dos meses, perdiéndome algunos torneos, seguro. Porque es imposible jugarlos todos". Y añadió: "Creo que están añadiendo más torneos importantes y, de alguna manera, nos están obligando a jugar. Puedes decir que no, saltarte alguno y decidir tu calendario, pero si tenemos que jugar todos los torneos obligatorios que la ATP nos exige, estamos fuera compitiendo unas 40 semanas. Eso es imposible. Desde hace tiempo estamos viendo a muchos tenistas lesionarse o bien jugar estando cansados. Si no hacen algo al respecto, vamos a ver todavía más casos en el futuro".
Lo que sucedió en Tokio y Pekín es apenas el reflejo más visible de un problema más profundo. Los torneos se solapan. Algunos ni siquiera han terminado cuando otros ya han comenzado. Las Finales de la Billie Jean King Cup y la Laver Cup se disputaron casi en paralelo. Tokio y Pekín se resolverán el próximo martes, y al día siguiente ya habrá comenzado el Masters de Shanghái. Las extensiones de los torneos —ahora duran dos semanas en lugar de una— han eliminado los huecos para descansar o prepararse adecuadamente. Alejandro Davidovich disputó la final de Chengdú el martes, un torneo ATP 250, y solo dos días después ya estaba en Japón intentando jugar un torneo de 500. No lo logró. Entre un día y otro, un vuelo de cinco horas y una aclimatación imposible.
La consecuencia es un calendario hipersaturado que confunde al aficionado, quema a los profesionales —quienes reiteran su deseo de pasar más tiempo en casa— y homogeneiza los torneos hasta hacerlos casi indistinguibles. Las fronteras entre unos y otros se desvanecen. Los torneos de verano en Norteamérica, Canadá y Cincinnati, pierden cada vez más relevancia porque las estrellas no pueden estar en todas partes. El sistema funciona, pero a costa de algo que nadie quiere admitir: el desgaste físico de quienes lo hacen posible. Y mientras todos protestan, todos siguen buscando más.
Citazioni salienti
Es imposible jugarlos todos. Desde hace tiempo estamos viendo a muchos tenistas lesionarse o bien jugar estando cansados. Si no hacen algo al respecto, vamos a ver todavía más casos en el futuro— Carlos Alcaraz
A los que venimos de la Laver nos ha tocado llegar aquí bastante tarde— Carlos Alcaraz