En algún punto de un futuro casi inimaginable —unos 130 mil millones de años desde ahora— el universo podría no apagarse en silencio, sino desgarrarse con violencia absoluta. La energía oscura, esa fuerza invisible que constituye cerca del 70 por ciento del cosmos, acelera la expansión del espacio a un ritmo que los cosmólogos modernos no terminan de comprender del todo. Si su forma más extrema —la llamada energía oscura fantasma— resulta ser la correcta, cada galaxia, cada estrella, cada átomo quedaría condenado a la dispersión total. La ciencia no ofrece aún una respuesta definitiva, pero la