En la apertura de la fase de grupos de la Liga de Campeones, dos clubes españoles trazaron destinos opuestos en suelo europeo. El Real Betis, regresando a la élite continental tras una larga ausencia, protagonizó una remontada en Lille que habla de madurez colectiva y ambición renovada. El Villarreal, en cambio, volvió a tropezar en Dortmund, repitiendo un patrón que invita a preguntarse si algo estructural impide al equipo castellonense trasladar su identidad doméstica al escenario europeo.