En un mercado donde la escasez de oferta y el vencimiento de instrumentos financieros empujaron al dólar mayorista a un nuevo récord nominal, el Banco Central argentino eligió el viernes la abstención sobre la intervención, marcando la cuarta vez en 2026 que la autoridad monetaria se retira del tablero cambiario. La decisión revela una tensión estructural en la política económica: acumular reservas sin distorsionar el mercado es un equilibrio frágil, especialmente cuando las obligaciones con el FMI drenan cientos de millones en un solo día. Argentina navega así entre metas cumplidas en papel y
El BCRA evita comprar divisas ante la suba del dólar y las reservas caen por pago al FMI
Si compramos cuando no hay oferta, somos factor distorsivo
¿Por qué el Banco Central decidió no comprar dólares si supuestamente quiere acumular reservas?
Porque comprar cuando no hay oferta genuina en el mercado sería como empujar un precio que ya está subiendo. El BCRA prefiere intervenir cuando hay dólares reales disponibles, no cuando está todo especulativo.
Pero eso significa que en la práctica, cuando más necesitaría comprar —cuando el dólar sube— es exactamente cuando no compra. ¿No es eso un poco circular?
Sí, pero la alternativa sería peor. Si compraran agresivamente cada vez que el dólar sube, estarían alimentando la volatilidad, no controlándola.
¿Y las reservas que cayeron USD 600 millones en un día? ¿Eso es grave?
Depende del contexto. USD 800 millones fueron por un pago al FMI que estaba programado. Sin ese pago, las reservas habrían subido.
Pero el punto es que las reservas siguen siendo frágiles. Están en USD 48.245 millones, y el Gobierno apuesta todo a que llegue la cosecha de trigo y Vaca Muerta. ¿Qué pasa si eso se retrasa?
Entonces el BCRA tendría que elegir entre comprar dólares y presionar el tipo de cambio, o no comprar y dejar que las reservas se estanquen.
¿Cuánto tiempo tiene el Gobierno antes de que eso se vuelva un problema real?
El tramo final del año. Si para diciembre no hay oferta de divisas, la estrategia actual se queda sin piso.
Y el dólar blue sigue en $1.560, a solo diez pesos de su máximo. Eso sugiere que el mercado no confía del todo en que la oferta llegue.
El Pulso
- El dólar mayorista alcanzó un nuevo récord nominal de $1.525,50, acumulando tres jornadas consecutivas al alza y generando presión sobre el esquema de bandas cambiarias.
- Las reservas internacionales cayeron USD 600 millones en 24 horas, cerrando la semana en USD 48.245 millones, principalmente por un pago programado de USD 800 millones al FMI en concepto de intereses.
- El BCRA optó por no intervenir en el mercado, argumentando que comprar divisas sin oferta genuina lo convertiría en un factor distorsivo, no en un estabilizador.
- Septiembre mostró una desaceleración dramática en las compras del banco central: apenas USD 232 millones frente a los más de USD 2.700 millones adquiridos en abril.
- El Gobierno apuesta a que la cosecha de trigo y la producción energética de Vaca Muerta reviertan la escasez de divisas en el último tramo del año y permitan retomar la acumulación de reservas.
En un mercado donde la escasez de oferta y el vencimiento de instrumentos financieros empujaron al dólar mayorista a un nuevo récord nominal, el Banco Central argentino eligió el viernes la abstención sobre la intervención, marcando la cuarta vez en 2026 que la autoridad monetaria se retira del tablero cambiario. La decisión revela una tensión estructural en la política económica: acumular reservas sin distorsionar el mercado es un equilibrio frágil, especialmente cuando las obligaciones con el FMI drenan cientos de millones en un solo día. Argentina navega así entre metas cumplidas en papel y una realidad cambiaria que sigue siendo volátil.
Este viernes, el Banco Central argentino optó por mantenerse fuera del mercado cambiario mientras el dólar mayorista trepaba a $1.525,50, un nuevo récord nominal. Fue la cuarta abstención del año, y refleja una tensión que se ha vuelto difícil de disimular: acumular reservas y no presionar el tipo de cambio son objetivos que, en ciertos momentos del mercado, se contradicen.
Desde enero, el BCRA había acumulado compras por USD 14.327 millones, superando con holgura la meta anual de USD 10.000 millones. Pero el ritmo se desaceleró notablemente: en septiembre apenas adquirió USD 232 millones, un promedio de USD 12,5 millones diarios, muy lejos de los más de USD 2.700 millones de abril. Fuentes del banco explicaron la lógica detrás de la abstención: intervenir cuando no hay oferta genuina convierte al BCRA en un distorsionador del mercado, no en un actor estabilizador. El viernes, además, el fixing de un bono atado al tipo de cambio añadía volatilidad adicional, haciendo aún menos conveniente la intervención.
Mientras tanto, las reservas sufrieron una caída de USD 600 millones en las últimas 24 horas, cerrando la semana en USD 48.245 millones. La causa principal no fue una corrida ni una fuga de capitales, sino un pago programado de USD 800 millones al Fondo Monetario Internacional. En siete días, la pérdida acumulada llegó a USD 1.553 millones.
El tipo de cambio mayorista aún se encuentra un 25,4% por debajo del techo de las bandas cambiarias fijado en $1.912,76, lo que otorga cierto margen. En el segmento minorista, el dólar cerró a $1.545 en el Banco Nación, también en récord, mientras el blue se mantuvo estable en $1.560.
El Gobierno confía en que la cosecha de trigo y los ingresos de Vaca Muerta traerán mayor oferta de divisas hacia fin de año, abriendo una ventana para que el BCRA retome compras sin distorsionar el mercado. Si esa oferta no se materializa, la acumulación de reservas podría quedar estancada y la presión cambiaria seguirá siendo una ecuación sin respuesta sencilla.
El Banco Central de la República Argentina enfrentó este viernes una decisión incómoda: quedarse fuera del mercado de divisas mientras el dólar mayorista trepaba a un nuevo récord nominal de 1.525,50 pesos. Era la cuarta vez en 2026 que la autoridad monetaria optaba por no comprar dólares, una abstención que refleja la tensión creciente entre dos objetivos que ya no avanzan en la misma dirección: acumular reservas internacionales y evitar presionar al alza el tipo de cambio.
La paradoja es instructiva. Desde que comenzó en enero la cuarta fase del programa monetario, el BCRA había acumulado compras por USD 14.327 millones, cifra que no solo superó ampliamente la meta anual de USD 10.000 millones sino que dejó abierta la posibilidad de alcanzar los USD 16.000 millones. Pero el ritmo de esas compras se desaceleró dramáticamente en los últimos meses. En septiembre, el banco central adquirió apenas USD 232 millones, un promedio diario de USD 12,5 millones. Comparado con mayo, cuando compró USD 2.596 millones, o con abril, con USD 2.769 millones, la diferencia es abismal. Agosto había cerrado con USD 768 millones, el volumen mensual más bajo del año.
La explicación oficial apunta a las condiciones del mercado cambiario y a la estacionalidad: menor liquidación del sector agroexportador, oferta genuina limitada. Fuentes del banco de bancos lo expresaron con claridad: "Si compramos reservas cuando no hay oferta, somos factor distorsivo en esa dinámica de mercado". La frase busca marcar distancia respecto de una política orientada a sostener una cotización específica del dólar mediante intervenciones forzadas. El BCRA, bajo la conducción de Santiago Bausili, prefiere incorporar divisas cuando existe demanda real, no cuando el mercado está recalentado. Este viernes, además, ocurrió el fixing de un bono atado a la evolución del tipo de cambio que vencerá en los próximos días, un evento que típicamente dispara volatilidad al alza en el dólar mayorista. Intervenir en esas circunstancias habría significado luchar contra la corriente.
Pero mientras el BCRA se mantenía al margen, las reservas internacionales se desmoronaban. En las últimas 24 horas cayeron USD 600 millones, cerrando la semana en USD 48.245 millones. En los últimos siete días, la pérdida acumulada fue de USD 1.553 millones. La culpa principal recae en un pago de USD 800 millones que el Gobierno realizó al Fondo Monetario Internacional en concepto de intereses. Es decir, la caída de reservas no responde a una corrida cambiaria o a una fuga de capitales, sino a una obligación de servicio de deuda que estaba programada.
El dólar mayorista acumuló tres jornadas consecutivas al alza. Este viernes avanzó seis pesos, equivalente al 0,4%, y en la semana ganó 11 pesos, un 0,7%. En septiembre, el incremento acumulado fue de 17 pesos, o 1,1 por ciento. El límite superior de las bandas cambiarias fijado por el Banco Central se ubica en $1.912,76, lo que significa que el tipo de cambio mayorista aún permanece a $387,26, o 25,4%, de ese techo. En el segmento minorista, el dólar subió cinco pesos y cerró a $1.545 para la venta en el Banco Nación, también en un récord nominal. El dólar blue, en tanto, se mantuvo sin cambios en $1.560.
El Gobierno espera que la situación se revierta en el tramo final del año. La cosecha de trigo y los ingresos del sector energético, particularmente la producción de Vaca Muerta, son los factores en los que descansa esa previsión. Si esa oferta de divisas llega como se anticipa, el BCRA tendría la oportunidad de volver a comprar sin ser factor distorsivo en el mercado. Si no llega, la acumulación de reservas podría quedar estancada en los USD 48.000 millones, y la presión sobre el tipo de cambio seguirá siendo un problema sin solución fácil.
Citas Notables
Si compramos reservas cuando no hay oferta, somos factor distorsivo en esa dinámica de mercado— Fuentes del Banco Central