En Berlín, el Banco Central Europeo eleva hoy sus tipos de interés al 2,5%, un movimiento anticipado pero cargado de significado en un continente sacudido por la energía cara, la tensión geopolítica y el avance del euroescepticismo. La decisión de Christine Lagarde no es solo técnica: es un acto de equilibrio entre contener la inflación y no asfixiar una economía que ya siente el peso de los mercados de deuda. En el fondo, la institución que custodia el euro decide hoy qué clase de Europa quiere defender.